John McClane sigue en forma en ‘La Jungla 4.0’

BruceWillis ha abandonado su querida camiseta de tirantes y se ha rapado la cabeza para inmortalizar por cuarta vez al detective John McClane. Han pasado doce años desde la última entrega, y el actor no quería que fuese «el mismo tipo» que era en la primera película, que John McTiernan dirigió en 1988. De hecho, algunos críticos ya habían jubilado a Willis del cine de acción antes de tiempo. Pero él seguía erre que erre. Títulos como ‘16 calles’, ‘Lágrimas del sol’ y ‘Hostage’ son prueba fehaciente de que el ex de Demi Moore siempre ha estado ahí. A ellos les cae simpático; a ellas… atractivo.

Sin embargo, este hijo de militar nacido en una base militar alemana nunca lo tuvo fácil. Primero tuvo que sobrellevar su tartamudeo. Lo supo superar y acabó siendo una estrella de la tele. Y llegó su gran oportunidad, pero los productores de ‘La jungla de cristal’ no confiaban mucho en su tirón popular, y en los carteles publicitarios dieron el principal protagonismo al edificio Nakatomi, un prodigio de la nueva tecnología donde, en realidad, tenía sus oficinas la 20th Century Fox, productora del filme. Poco después del estreno tuvieron que rectificar. Había nacido una estrella.

Pero para lograr el éxito, Willis tuvo que pluriemplearse. Por el día grababa la serie ‘Luz de luna’ –entrañable su tensión sexual no resuelta con Cybill Shepherd– y por la noche se enfundaba la camiseta raída y ensangrentada del detective John McClane, un personaje que iba destinado a Richard Gere, pero que a Willis, ciertamente, le quedó como un guante. Porque McClane es lo que John Rambo para Stallone y Terminator para Schwarzenegger. El estreno de ‘La jungla 4.0’ sólo tiene sentido después del renacer realista de 007 y la eclosión de Jason Bourne como icono del cine de acción. John McClane está acostumbrado a recibir palos hasta en el carné de la biblioteca. Lo hemos visto saltar de una azotea atado a una manguera, salir eyectado de un avión a punto de explotar y conducir en plan Carlos Sainz por Central Park. Ahora lo redescubrimos en ese formato de montaña rusa tan divertido que ya fue utilizado en la tercera entrega. Porque las claves del éxito de la saga se sustentan en acción sin tregua y un humor desmitificador a cargo de un héroe cínico y desencantado, que acaba salvando al mundo de mala gana. McClane saldrá de un tiroteo para meterse en otro, esquivará coches en un túnel a oscuras, será perseguido por un caza de última generación, lanzará un 4X4 por el hueco de un ascensor y sufrirá de nuevo en sus propias carnes las artes marciales como ya hizo en ‘La jungla 2’. En resumen, duro de matar elevado a la máxima potencia.Sin embargo, los productores le recomendaron que por su edad debería dejar las escenas de acción para los especialistas. Fue como un puñetazo en su orgullo. «Asi que, por supuesto, las hice», chulea Willis. El último héroe analógico se enfrenta esta vez a un grupo ciberterrorista que amenaza con chafar el 4 de julio, fiesta nacional, al pueblo estadounidense. McClane, de nuevo en el lugar equivocado en el momento equivocado, deberá sudar sangre para echar abajo el osado plan de un villano que, desgraciadamente, se queda lejos de los hermanos Gruber, interpretados en su día por Alan Rickman en la primera parte y Jeremy Irons en la tercera, sendos terroristas de la extinta Alemania del Este.

El McClane del siglo XXI ha madurado. Su hija Lucy se ha hecho mayor y él se ha vuelto más que un padrazo. Como en la vida real. Willis es padre de tres hijas, fruto de su matrimonio con su ex Demi Moore, de la que aún ha reconocido seguir «enamorado». Estuvieron casados desde 1987 hasta 2000. Y Willis tiene tan buen rollo con Moore que hasta se deja ver junto a su actual marido, el jovenzuelo Ashton Kutcher.

Si la primera entrega fue «un incontrolado festival de tacos» según Willis, ahora se ha rebajado hasta el volumen de sangre que se verá en la pantalla. Violencia blanca para toda la familia. Valga como ejemplo que el final de su mítica frase «¡yipi ka yei, hijo de puta!» ha sido ahogado con el sonido de un disparo.

El grupo Guyz Nite compuso esta canción en honor al detective John McClane. Impagable.

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