La Batalla del Vino puede con el bochorno en Haro

Entre 12.000 y 15.000 personas disfrutaron en las campas de San Felices de una nueva edición de la Batalla del Vino que sirvió a los romeros para escapar de las altas temperaturas

El programa oficial de fiestas asegura que la Batalla del Vino, que da en ser fiesta de ‘rompe y rasga’, se libraba sobre los pagos de Bilibio, a escasos kilómetros de la ciudad jarrera que se entrega a la causa por San Felices, aunque en el día de San Pedro.

Pero, apenas se consumió la víspera, empezó a arremolinarse en la plaza de la Paz tal gentío, que la muchedumbre se desbordó por el laberinto de La Herradura, y aún por zonas aledañas, y comenzó a respirarse tal jarana, que pareció arrancarse el cruce entre la infantería con no menos de ocho horas de adelanto y en pleno casco urbano.

Aunque, con el bochorno que se soportaba, a nadie le pareció bien desparramar el contenido de la copa o vaso, sino que lo saboreó como agua de mayo aunque de noche se vio más bien poca, y sí vino, cerveza y combinados hasta la alborada, alimentado así el alma y el ánimo de la tropa que enfiló hacia el lugar de la contienda, apenas asomaron los primeros rayos del sol.

Largas colas de vehículos para acceder a las campas

Porque, apenas llegó a la zona del combate el grueso del ejército, se armó la de San Quintín, sin que llegase la sangre al río, porque nunca hubo plasma en juego, sino vino. Bien se podría decir, en términos apocalípticos, que aquello fue el principio del fin. El de la primera entrega de las fiestas de Haro, que en verano dan mucho de sí, claro.

Foto: Donézar Fotógrafos

Y después de comprobar a primeras hora de la mañana, ya con un pegajoso bochorno, la espectacular estampa que se venía advirtiendo desde las siete y media en el Camino a San Felices: una interminable cola de vehículos que trataban de hacerse hueco en las campas de Bilibio. La batalla, como vía de escape al calor.

Ambiente en la plaza de la Paz en la previa a San Pedro | Foto: Ayuntamiento de Haro

La experiencia animaba a pensar que lo habría, más tarde o temprano, en cada una de las explanadas que aparecen escalonadas sobre la ladera de los Riscos donde se oficia ya la misa en honor a San felices, que de tal historia iba en realidad la antiquísima romería que de antiguo se celebraba en estos pagos para honrar al patrón por San Pedro.

Galería de imágenes | Donézar Fotógrafos

El espectacular ambiente que se vivió a lo largo de la tórrida e interminable noche anterior, más compasiva que la pasada, dejaba claro que las circunstancias jugaban a favor de la fiesta. Porque ésta coincidía en sábado, y el personal no dejó escapar la ocasión de apuntarse al baile con ‘La Pegatina’, llenando por completo la Paz y las calles de La Herradura. Y, además, llegaba con temperaturas que empezaban a escalar y se situaban en la barrera de los 25 grados, amenazando con superar la barrera de los 40.

Con todo eso, era de esperar lo que sucedió. Que en el epicentro de la Batalla del Vino no es que la gente se viese impotente ante el enemigo, con el que se topó en los Riscos. Es que le buscaba para encontrar salvación al intenso calor que castigó a los contendientes.

Corrió esta vez el caldo. Más que nunca, por cantidad y por calor. Que se sentía como la misma sopa. Y como ésta se pusieron todos los efectivos de la Batalla desde el amanecer, cifrándose en 12.000 y hasta 15.000 personal su control de paso.

Más allá de cifras. La Batalla se movió en índice de sensaciones y, a pesar de contar con una sola charanga municipal para más romeros que nunca, quienes acudieron a la cita estuvieron por encima de las condiciones, y se encargaron de esa manera de demostrar que el capital humano superó con creces al logístico. Cuenta atrás para una nueva Batalla del Vino.

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