Llegamos una vez más a Casalarreina, nuestra segunda casa tras Donostia, el pasado martes. Atrás quedaron agobios varios, quehaceres y rutinas. Desde que estoy aquí, he tomado estas capturas del entorno o, al menos, las he seleccionado.
La rotonda del olivo marca la intersección entre las avenidas de la Rioja y de la Paz. Rioja y Paz para mí son casi sinónimos.
Y qué decir de los cielos riojanos, esos en los que no suelen faltar nubes tan densas que se dan sombra a sí mismas, por muy inclemente que luzca ese día el sol. Lorenzo calienta ese aire seco que tanto agradecemos los vascos.
Los grafiteros de Casalarreina escuchan a los Beatles
El convento de Nuestra Señora de la Piedad ocupa gran parte de la villa. Es un recinto de clausura. Es un misterio la vida que hay detrás de esos muros.

Los grafiteros de aquí escuchan a los Beatles, o no, pero hace años que uno clamó en una pared de un garaje que todo lo que necesitas es amor, mientras una pintada anterior, que nos invita también con buena caligrafía a soñar, empieza a desdibujarse.
Por otra parte, ¿qué hace esa estrella de Navidad sobre la torre de la Iglesia de San Martín? Pena no tener un buen teleobjetivo para captar el entrañable detalle, marca de la casa (de la reina).
Y ya, por comentar algo más, !olé por esos tractores riojanos, todos imbuidos de LOVE en sus matrículas (Logroño Vehículo Especial)! Para amor, el que sentimos nosotros por este pueblo.










































Un comentario
Hola. No veo el texto en mi ordenador, solo título, subtítulo y primera foto
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