La Peña Cachondeo de Haro celebra este año su 35 aniversario y lo ha hecho, como no podía ser de otra manera, manteniendo vivas esas costumbres que han ido forjando su identidad a lo largo de más de tres décadas.
El pasado sábado tuvo lugar una nueva edición del Día de la Peña, una cita que con el paso del tiempo se ha convertido en una fecha marcada en rojo en el calendario de sus socios. “Era como una costumbre reunirnos siempre después de Navidad, después de participar en la Cabalgata de Reyes. Siempre como tradición el último sábado de enero. Nos juntábamos para cenar y con el paso de los años se ha ido formalizando”, explica Jesús Barrio, miembro de la peña.
La jornada se inició con un almuerzo en el local social, en la calle Pedro Risco, en plena Herradura, punto de encuentro habitual de los peñistas. Desde allí, acompañados por la charanga, los socios realizaron la tradicional Herradura, para después desplazarse a comer al Restaurante Tirondoa. La música y el ambiente festivo volvieron a tomar las calles por la tarde, como anticipo a lo que llegará en junio, con una nueva pasada por la Herradura y, ya entrada la noche, la celebración continuó en el local para quienes aún tenían fuerzas. “Los que aguantamos nos quedamos a cenar en el local”, resume Barrio.
Como ya suele ser habitual, y con el típico humor de la peña, tras la comida se llevaron a cabo algunos de los actos más simbólicos de la jornada. “Después de la comida, así de broma, solemos poner las cintas al mister y miss infantil y también se hizo este año un reconocimiento a las personas que recientemente se habían jubilado”, comenta.
Una peña que surgió entre amigos
La historia de la Peña Cachondeo se remonta a 1991, cuando un grupo de amigos decidió dar el paso y crear una nueva peña en la ciudad. Aquella primera reunión tuvo lugar en Caja Rioja y de ella salió la semilla de lo que hoy es una agrupación consolidada. En la primera junta directiva figuraban nombres como Rodolfo Merino, Javier Lacuesta, Luis Mari Loza, Begoña Loza o Cipriano Berrozpe, entre otros.

Desde entonces, la peña no ha dejado de crecer en miembros e intensidad festiva. “Luego nos fuimos uniendo otras cuadrillas de amigos y el primer año ya saldríamos unas 50-60 personas. Ahora estamos unos 70”. Un grupo heterogéneo, con socios de todas las edades, que refleja el carácter familiar de la entidad. “La más mayor es Irene Yagüe, que viene de la Peña Los Veteranos y la última adquisición es una peque de dos meses a la que ya pusimos el otro día un chaleco que tenemos para los bebés”, señala Barrio.
Mirando al futuro próximo, la Peña Cachondeo ya tiene varias citas por delante. El más inmediato, la elaboración del tradicional zurracapote para Semana Santa, una cita ineludible cada año, y, a continuación, comenzarán los preparativos para las fiestas de junio. Nuevas metas para una peña que, 35 años después, sigue viva y sin perder esa esencia de aquellos primeros encuentros entre amigos.





