¿Será la Luna la solución a la pobreza energética?

En un futuro no muy lejano veremos a varias mega corporaciones gastando ingentes cantidades de dinero para asentarse en nuestro satélite.

‘Space X’, la compañía del visionario Elon Musk anunció hace unos días que está dispuesta a enviar una misión tripulada alrededor de la Luna en 2018. Ahora Blue Origin, la empresa espacial de Jeff Bezos, el fundador de Amazon, ha anunciado que está también trabajando para volver a la Luna. La NASA ídem de lo mismo. Parece que nuestro satélite, que tantos poemas ha inspirado, vuelve a ser el blanco de todas las miradas. En el caso de Amazon, la idea sería enviar naves de carga que aterrizarían en el cráter Shackleton, en el sur de la Luna, y en cuyas zonas de sombra hay agua helada. Esto facilitaría la construcción de una base permanente y si todo sale bien la primera misión podría ser lanzada en julio de 2020.

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La Luna, todo un negocio

Pero hablemos del meollo de la cuestión, de lo que de verdad hará que las empresas privadas aceleren la colonización de la Luna: el dinero. Sí, porque la luna es como una gigantesca mina sin explotar, repleta de minerales valiosos. Se sabe que en la Luna hay Helio-3 (un elemento químico que se puede utilizar como combustible) en tal cantidad que podríamos alimentar de energía toda la tierra durante 5.000 años. Pero, ¿les merece la pena a las empresas privadas invertir el dineral que supondría una industria minera en nuestro satélite? La respuesta es un rotundo sí. Una tonelada de este elemento puede alcanzar en el mercado los 1.000 millones de euros. Los beneficios superaran con creces los gastos. Este negocio es tan viable que las primeras empresas que se dediquen a extraerlo serán literalmente las dueñas de la Tierra (al menos económicamente hablando). Y además del helio, un proceso de minería produciría agua y oxígeno como sub-productos, lo que significa que el gasto de extracción casi se pagaría solo. ¡Todo un chollo!

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Según el tratado del espacio exterior de 1967 ninguna nación puede adueñarse de la Luna

No es difícil imaginar a una nueva élite de ricos viviendo “allí arriba”, mientras abastecen de energía a los pobres que nos quedemos “aquí abajo”. Todo esto acelerará la colonización de la Luna, con la contratación de muchos trabajadores, ingenieros, científicos y demás, se construirán alojamientos subterráneos para evitar la radiación espacial, con sus gimnasios para evitar la degeneración causada por la baja gravedad Lunar, sus lugares de ocio, su burocracia, etcétera… lo que se viene comúnmente a denominar ciudad. Pero aquí nos encontramos con otra cuestión: ¿Puede una compañía apropiarse de una zona de la Luna? Según el tratado del espacio exterior de 1967 ninguna nación puede adueñarse de la Luna. Sin embargo, pueden tener algo parecido a derechos de propiedad. El que llegue el primero reivindicar una zona para explotarla. “El tratado no permite apropiación, pero se estimula la explotación de libre acceso”, señala el abogado espacial James Dunstan. “No puedes ser dueño, aunque puedes usarla”. Esto me hace imaginar una fuerte (¿y violenta?) competencia para descubrir y adueñarse de las zonas más ricas en minerales y Helio-3.

Países como China ya están en ello y, sin ir más lejos, en 2016 sobrevolaron la Luna en una misión científica, y supongo que ya de camino catalogaron las zonas más prometedoras para explotarlas.

En un futuro no muy lejano veremos a varias mega corporaciones gastando ingentes cantidades de dinero para asentarse en nuestro satélite. Esta vez los primeros no serán los últimos.
¿Será la Luna la solución a la pobreza energética? 3Lectura obligada:
Luna. Luna Nueva, de Ian McDonald.
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