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Hong Kong. Ni contigo ni sin ti

La influencia británica se respira a cada paso. No en vano esta isla fue una colonia británica durante muchos años, antes de pasar a ser una provincia de China aunque de facto sigue muy influenciada por Inglaterra a nivel económico y cultural.
La influencia británica se respira a cada paso. No en vano esta isla fue una colonia británica durante muchos años, antes de pasar a ser una provincia de China aunque de facto sigue muy influenciada por Inglaterra a nivel económico y cultural.

La provincia administrativa de Hong Kong pertenece oficialmente a China, pero tiene su propia moneda, su propia bandera y sus propios modales.

En los dos años que llevo en China he escapado a múltiples destinos más o menos cerca de Shanghai, pero nunca había estado en la vecina Hong Kong, y hace unas semanas, aprovechando un día adicional de vacaciones nacionales (equivalente al Día de todos los Santos), me aventuré a conocer uno de los centros económicos y comerciales más importantes del mundo.

Foto destacada: Estatua en Hong Kong en honor a Bruce Lee

Al llegar a Hong Kong lo primero que impresiona es su increíble, grande y bien organizado aeropuerto. No en vano, es el aeropuerto con más tráfico de Asia, con una afluencia anual de 50 millones de viajeros. Me alojé en el centro, en un ‘Hostel’ (suena a peli de terror sangrienta, sangrienta) muy bien situado en la zona de ‘CauseWay Bay’. El alojamiento en Hong Kong es muy caro, sobre todo si quieres estar bien ubicado en la ciudad, así que lo ideal es valorar opciones económicas como los ‘Hostel’ donde tienes una habitación sencilla y limpia sin empeñar un riñón.

Es imposible andar por la calle sin tropezarte con alguien, aunque, a diferencia de otras partes de China, aquí la gente sí se disculpa.

La influencia británica se respira a cada paso. No en vano esta isla fue una colonia británica durante muchos años, antes de pasar a ser una provincia de China aunque de facto sigue muy influenciada por Inglaterra a nivel económico y cultural.

El reducido tamaño de la ciudad y la gran densidad de población concentrada en poco espacio, te trasmite cierta sensación de agobio sobre todo durante las horas de mas actividad al comienzo y final de la jornada laboral. Es imposible andar por la calle sin tropezarte con alguien, aunque, a diferencia de otras partes de China, aquí la gente sí se disculpa.

Hong Kong. Ni contigo ni sin ti 1

Sorprenden sus limpias calles, con una de las mayores concentraciones de coches de alta gama que yo he visto nunca. Tesla Motors hace el agosto en esta ciudad, donde el precio de la gasolina está disparado. La ciudad está enclavada en una montaña, por lo que las cuestas son la tónica habitual si quieres explorar la urbe a pie. Como anécdota podéis ver en una de las fotografías, la escalera mecánica más larga del mundo que conecta el barrio ‘Central’ con el ‘SoHo’. Tramos y tramos de escaleras mecánicas para hacer más llevadero el escarpado camino.

Hong Kong. Ni contigo ni sin ti 2

La red de transporte público es sencilla de usar y conecta con efectividad todos los puntos de interés de la ciudad. La ventaja de una ciudad como Hong Kong es que usando el metro puedes llegar a la montaña y a la playa, y alejarte del ruidoso centro en menos de una hora. Esto en ciudades como Shanghai o Tokio sería imposible.

Hong Kong. Ni contigo ni sin ti 3

Visité el ‘Victoria Peak’ desde donde se tienen unas vistas espectaculares de toda la isla. Presencié el espectáculo de luces sobre la bahía que se proyecta en los rascacielos y se puede observar desde la otra orilla del rio todos los días a las 20:00 horas de la tarde. Me perdí por las calles del ‘SoHo’ visitando minúsculas tiendas donde encontrar desde ropa de segunda mano a imanes de nevera. Pero la visita más aprovechada y la que me dejó mejor sabor de boca fue al pueblo pesquero de Shek-O.

Hong Kong. Ni contigo ni sin ti 4

Tras 4 paradas de metro desde mi alojamiento y tomar un autobús durante 30 minutos donde pude disfrutar de bonitos paisajes llegue a Shek-o. Nada más bajar del autocar pude notar la brisa marina y el olor a sal, como si de San Vicente de la Barquera se tratase. Recorrí durante toda la mañana las estrechas calles, me senté en el pequeño puerto pesquero a ver cómo faenaban los barcos en la lejanía, y por la tarde estuve en la playa descansando, leyendo y organizando la mente para los agitados meses que tengo por delante.

Hong Kong. Ni contigo ni sin ti 5

Un pueblo totalmente recomendable, una cura para los sentidos y para mí el tiempo mejor aprovechado de mi corto viaje. Quizá tenga sobredosis de megapolis como opina mi amiga Ana, pero cada vez encuentro más encanto en lo más simple, pequeño y silencioso.

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