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De los veranos en Haro a dirigir una empresa de 25 personas en un oficio que no existía

La compañía trabaja alrededor de una actividad profesional que nace al calor de un fenómeno relativamente reciente, el crecimiento de creadores

Carlos Mauri tiene 24 años y dirige una empresa de veinticinco personas. La montó mientras estudiaba: primero como autónomo y después constituyendo la sociedad. Su vínculo con Haro viene de casa: su madre nació en la ciudad y él ha pasado allí los veranos desde pequeño. Una relación familiar que conecta su trayectoria empresarial actual con una localidad que forma parte de su historia personal desde la infancia.

Se formó en ESIC Aragón entre 2021 y 2025. Durante esos cuatro años levantaba el negocio en paralelo sin contárselo casi a nadie. Los estudios y la puesta en marcha de su actividad empresarial avanzaron al mismo tiempo, aunque su proyecto permaneció prácticamente fuera de las conversaciones habituales de su etapa académica. «Nunca fui de ir enseñándolo por la escuela», explica.

Hoy dirige SkillCash, una consultora de formación con sede en Zaragoza y equipo en remoto, dedicada a un oficio que hasta hace poco no tenía nombre: el operador de creadores de contenido. La compañía trabaja alrededor de una actividad profesional que nace al calor de un fenómeno relativamente reciente, el crecimiento de creadores capaces de reunir audiencias numerosas pero que no siempre cuentan con una estructura empresarial detrás.

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Un negocio levantado durante los años de universidad

La edad de Mauri contrasta con el tamaño que ha alcanzado la estructura que dirige. A los 24 años se encuentra al frente de un equipo de veinticinco personas después de haber comenzado el proyecto cuando todavía cursaba sus estudios. El proceso tampoco arrancó directamente con una sociedad constituida. La actividad empezó bajo la fórmula de autónomo y evolucionó después hacia una empresa con estructura propia.

Ese recorrido empresarial se desarrolló entre 2021 y 2025, los mismos años en los que estudió en ESIC Aragón. Durante esa etapa, el negocio crecía en paralelo a su formación sin ocupar un lugar especialmente visible en su vida académica. Mauri evitaba convertirlo en una carta de presentación ante sus compañeros y mantuvo una cierta separación entre ambas facetas.

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La historia tiene, además, una conexión con Haro que no procede de la actividad de la empresa, sino de su entorno familiar. Su madre nació en la ciudad y él ha pasado allí los veranos desde pequeño. Las raíces jarreras aparecen así en una trayectoria profesional que hoy tiene su centro operativo en Zaragoza, donde se encuentra la sede de la consultora.

No se trata, por tanto, de un vínculo circunstancial con la localidad riojana. Los veranos en Haro forman parte de su biografía desde años antes de que empezara la universidad, se diera de alta como autónomo o existiera la empresa que dirige actualmente. Es una conexión personal que acompaña una carrera profesional desarrollada después fuera de la ciudad.

El oficio que trabaja detrás de los creadores

La actividad sobre la que se ha construido la empresa resulta menos conocida que la figura del creador de contenido. Estos profesionales pueden reunir audiencias formadas por miles de personas, mantener una relación constante con sus seguidores y generar ingresos a través de la publicidad de las propias plataformas o de colaboraciones puntuales con marcas.

Sin embargo, disponer de una audiencia no equivale necesariamente a disponer de un negocio estructurado. Puede existir una comunidad amplia alrededor de un creador sin que haya detrás una oferta definida, un proceso organizado de captación, un sistema de venta o una comunidad articulada alrededor de un producto o servicio.

Ahí aparece la figura del operador. Su trabajo se desarrolla fuera de la cámara y se concentra en construir esa parte del proyecto que el público normalmente no ve. Según explica Mauri, el operador trabaja sobre la oferta, la captación, la venta y la comunidad, es decir, sobre diferentes piezas destinadas a transformar una audiencia ya existente en una actividad organizada.

«Esto no va de publicar contenido ni de tener seguidores propios. Va de construir el sistema que convierte la atención de otro en ingresos», resume Mauri. La diferencia es relevante porque el operador no necesita convertirse en creador ni desarrollar una audiencia personal para ejercer su función. Su posición se sitúa precisamente detrás de quien ya dispone de esa capacidad para atraer y mantener la atención del público.

El modelo también establece una relación directa entre el trabajo del operador y los resultados del creador. De acuerdo con la explicación de Mauri, este profesional cobra en función de esos resultados. Su actividad, por tanto, no se centra simplemente en prestar un servicio aislado, sino en participar en la organización del negocio que se desarrolla alrededor de una audiencia.

Tener seguidores y tener una empresa son cosas distintas

Las redes sociales y otras plataformas digitales han hecho posible que una sola persona pueda reunir a miles de seguidores alrededor de unos conocimientos, una especialidad o unos contenidos determinados. Esa visibilidad puede abrir diferentes vías de ingresos, aunque muchas de ellas dependen inicialmente de la propia plataforma o de acuerdos puntuales de patrocinio.

El planteamiento del operador parte de otra cuestión: qué ocurre cuando existe atención suficiente, pero falta una estructura que permita organizar una actividad económica alrededor de ella. En ese punto, el trabajo deja de girar exclusivamente alrededor del contenido publicado y pasa a ocuparse de elementos propios de cualquier negocio.

Definir con claridad qué se ofrece constituye una de esas tareas. También lo son la manera de atraer a las personas interesadas, organizar el proceso de venta y mantener una comunidad vinculada al proyecto. Son funciones menos visibles que grabar un vídeo o publicar en una red social, pero forman parte de la estructura necesaria para que la actividad no dependa únicamente de publicaciones y patrocinios.

Por ello, la presencia pública del creador y el trabajo del operador ocupan posiciones distintas. Uno concentra la atención de la audiencia y el otro trabaja sobre la organización empresarial que puede construirse a partir de esa atención. El operador no sustituye al creador ni pretende ocupar su espacio público, sino que actúa sobre aquellas áreas que quedan fuera de la generación de contenido.

Una profesión sin una trayectoria académica establecida

La particularidad de este oficio también se aprecia en los perfiles de quienes llegan a él. No existe una trayectoria académica tradicional vinculada específicamente con la profesión ni un recorrido profesional único que conduzca hasta ella. Según explica Mauri, entre las personas que se forman hay trabajadores procedentes de sectores muy diferentes.

Algunos llegan desde la hostelería. Otros han desarrollado anteriormente trabajos de oficina o han ejercido oficios manuales. La procedencia profesional no determina por sí sola la entrada en esta actividad, una circunstancia relacionada con el hecho de que se trate de un oficio reciente y todavía ajeno a las clasificaciones profesionales más tradicionales.

«La barrera de entrada aquí no es el título, es la constancia», afirma Mauri. La frase resume su visión sobre una ocupación en la que no existe un determinado diploma que funcione como requisito previo. El aprendizaje se orienta hacia las funciones concretas que después deberá desarrollar el operador cuando trabaje junto a un creador.

Este punto diferencia la profesión de otros trabajos con itinerarios formativos definidos durante décadas. No hay una carrera universitaria específica de operador de creadores ni una incorporación automática asociada a una determinada titulación. El oficio se articula alrededor de competencias relacionadas con la construcción y el funcionamiento del proyecto, más que alrededor de una credencial académica concreta.

Trabajar sin aparecer delante de la cámara

Una de las claves para comprender el perfil está precisamente en aquello que el operador no hace. No necesita convertirse en una personalidad pública, acumular seguidores propios ni aparecer constantemente en vídeos. Su función comienza donde termina la parte más visible de la actividad del creador.

Mientras la audiencia reconoce principalmente el rostro que publica contenido, el operador se ocupa de procesos que transcurren fuera del foco público. La oferta que se presenta, el mecanismo que permite captar interesados, el proceso comercial y la organización posterior de una comunidad necesitan planificación y seguimiento aunque rara vez sean perceptibles para quien consume el contenido.

Esta división también explica por qué la aparición del oficio está vinculada al crecimiento de la economía alrededor de los creadores. A medida que una audiencia adquiere tamaño, la gestión del proyecto puede exigir tareas distintas a las que permitieron construir inicialmente esa comunidad. Crear contenido y operar una actividad empresarial no son exactamente el mismo trabajo.

El planteamiento descrito por Mauri separa ambas responsabilidades. El creador mantiene su relación con la audiencia y el operador construye el sistema que permite desarrollar una actividad económica alrededor de ella. Esa especialización constituye el núcleo de una profesión que apenas empieza a resultar reconocible fuera del propio sector.

De un proyecto discreto a un equipo de veinticinco personas

La situación actual de Mauri resulta especialmente llamativa al compararla con los años en los que desarrollaba el proyecto mientras estudiaba y evitaba hablar demasiado sobre él. En aquel momento, la actividad avanzaba de forma discreta. A los 24 años, en cambio, dirige ya un equipo compuesto por veinticinco personas.

La estructura trabaja con sede en Zaragoza y con un equipo distribuido en remoto. El crecimiento de la empresa se ha producido, por tanto, al mismo tiempo que se definía una actividad profesional que todavía necesita explicación para buena parte del público. Incluso el nombre del oficio resulta nuevo frente a profesiones asentadas desde hace décadas.

Su recorrido personal también mantiene esa combinación entre lugares y etapas. Haro aparece en los veranos de infancia y juventud por la procedencia de su madre; Zaragoza, en cambio, concentra su formación universitaria y la sede de la compañía que actualmente dirige. Entre ambos puntos se desarrolla una historia empresarial iniciada antes de terminar los estudios.

No hay, además, una larga distancia temporal entre aquellas primeras etapas y la situación actual. Mauri terminó su formación en ESIC Aragón en 2025 y hoy, con 24 años, se encuentra al frente de una compañía creada durante aquel periodo. La empresa no nació después de la universidad, sino mientras la formación académica todavía estaba en marcha.

Un trabajo reciente que empieza a ganar visibilidad

El concepto de operador de creadores sigue lejos de tener el reconocimiento inmediato de profesiones tradicionales. Su propia definición obliga a explicar primero la diferencia entre reunir una audiencia y construir un negocio alrededor de ella. Sin esa distinción, resulta difícil comprender por qué un creador puede necesitar a otra persona que trabaje sobre una actividad que aparentemente ya genera ingresos.

La aparición de estos perfiles refleja una especialización dentro de un sector también joven. La creación de contenido puede generar la atención, pero convertir esa atención en una estructura organizada requiere otras funciones, desde diseñar una oferta hasta establecer cómo se capta, se vende y se mantiene la relación con una comunidad.

Esa actividad profesional ha empezado a salir del ámbito estrictamente especializado. El Confidencial Digital dedicó un reportaje a la profesión la semana pasada, una muestra de la creciente atención que recibe un oficio que todavía no figura en los catálogos habituales de profesiones.

Detrás de una de las compañías dedicadas a formar en esta actividad se encuentra un joven de 24 años que comenzó el proyecto mientras estudiaba, dirige hoy a veinticinco personas desde Zaragoza y conserva una relación familiar estrecha con Haro. Antes de hablar de operadores, creadores y estructuras empresariales, en su historia estaban los veranos en la ciudad y unas raíces jarreras que vienen de casa.

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