Imagen: Antonio Corral

Hemos elegido a dos jarreros de pro que llevan la Batalla del Vino en las venas para que nos den sus razones por las que uno se posiciona a favor y otro en contra de que la gran fiesta jarrera sea declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Ramón Arízaga tiene 43 años y trabaja en Bodegas La Rioja Alta. Reconoce que su sentimiento por esta fiesta comenzó ya en su primera participación cuando sólo tenía 7 años. “Únicamente quería que me llenaran mi botita y acabé metido en un depósito con 500 litros de vino. Me caí en la marmita”, confiesa entre risas.

Por su parte, Mikel Aparicio tiene 31 años y es licenciado en Historia del Arte. Recuerda la “enorme ilusión” que tenía por vivir una fiesta de la que disfrutaban los mayores. “Me gusta la batalla porque es un sentimiento que une a todos los jarreros”.

De esta manera, ofrecemos la opinión de estos dos jarreros, pero también queremos saber tu opinión a través de tu comentario o a través de la encuesta que adjuntamos al final del artículo.

Ramón Arízaga (izquierda), mojando a su primo Óscar de la Fuente.

Ramón Arízaga, 43 años. Participa en la Batalla del Vino desde que tenía 7 años

“Empezaré confesando que hace un par de años cuando se empezó a barajar la internacionalización de la Batalla del Vino no lo veía mal, pero pasaron unas semanas y reflexioné, llegando a la conclusión de que no es necesario para Haro y, sobre todo, no es beneficioso para la fiesta ante una más que posible masificación.

¿Está Haro preparado para recibir mucha más gente de la que ya habitualmente acude en masa a nuestra fiesta? Creo que no. No está preparada ni en plazas hoteleras, ni en hostelería, y sobre todo tampoco está preparada la ciudad en servicios de seguridad y sanitarios. No tenemos medios de transporte adecuados. ¿Necesitamos que venga más gente? Se habla de impulso económico, pero… si ese día está todo al cien por cien: bares, restaurantes, plazas hoteleras de la ciudad y comarca, aparcamientos (coches por encima de las aceras en cada calle)…

Y aun así si queremos que venga más gente, ¿cómo los atenderemos? ¿Dónde se alojarán? ¿Dónde aparcarán? ¿Podremos dotar a nuestra ciudad de seguridad suficiente? No tenemos ni las infraestructuras ni la dotación de servicios adecuados.

Batalla del Vino… Ufff… Para mí la Batalla del Vino va más allá de ser una fiesta. Es un sentimiento, un ‘ya no queda na’ a lo largo del año, un cosquilleo en el estómago una semana antes, preparativos, nervios en la víspera. Ganas de encontrarme con mi gente bajo una incesante lluvia de vino, abrazos y sonrisas mil.

“Qué bien estamos cuando la Batalla es entre semana”

Sábado 28 de junio del 2014. Son las cuatro de madrugada, y el comentario de la gente de Haro que se encuentra entre las abarrotadas calles de la Herradura y la plaza de La Paz es “qué bien estamos cuando la Batalla es entre semana” porque es totalmente cierto que el amasijo de gente es agobiante.

Imagen: Antonio Corral

Ya en los Riscos de Bilibio se observa una incesante cola de vehículos que se pierde en la lejanía y que parece que no avanza. Mientras miles de personas ya derraman vino sin tregua, y yo no consigo encontrar a mucha gente con la que me cito cada año entre tanto ‘guiri’ en chanclas, improvisados toboganes y baños de barro que tan gracioso ven algunos. Ésta no es la Batalla que me enseñó mi padre cuando siendo un renacuajo me convertía en su sombra, siguiendo al que veía como un héroe con su inseparable garrafa al hombro para buscar a su primera víctima, su gran amigo Alfonso Verde.

Siguiendo por la vía sentimental, estando en plena batalla sabes en todo momento quién es de Haro y quién no, quién siente la fiesta y quién no lo hace. La gente que sentimos la fiesta se nos nota en la cara, disfrutamos de la esencia de la tradición. Llevamos durante todo el año en las venas el vino que cada 29 de junio se desborda por cada poro de nuestro cuerpo. Esta es la Batalla del Vino que quiero y que lamentablemente estamos perdiendo poco a poco. Y se va a entender con algo que parece una tontería, pero que llama la atención: cada vez hay más gente en la Batalla que no viste de blanco y esto es un indicador de que la fiesta se está desvirtuando.

“No creo que sea necesario este reconocimiento”

Hemos tenido años en los que salir de los Riscos ha sido misión imposible, casi una hora para poder recorrer los 7 kilómetros (y eso que los autobuses funcionan a la perfección), gente que no ha podido dar las vueltas por el colapso. En los últimos años se ha estructurado e intentado controlar un poco más la fiesta, pero las campas tienen un límite tanto por cantidad y sobre todo por seguridad, y una posible evacuación se antoja difícil.

En definitiva, no creo que sea necesario este reconocimiento. La fiesta ya es suficientemente conocida en el ámbito nacional e internacional como así lo corrobora la afluencia de visitantes y la repercusión en medios de comunicación y en redes sociales. ¿ACASO LA BATALLA DEL VINO NO ES YA INTERNACIONAL?”

Mikel Aparicio, 31 años. Participa en la Batalla del Vino desde los 11 años

“¿La ‘Batalla del Vino’ debería ser declarada fiesta de Interés Turístico Internacional? Rotundamente sí. Haro es conocido por ser la capital del Rioja, un vino elaborado en una de las regiones vinícolas más prestigiosas a nivel mundial. El Barrio de la Estación es famoso por concentrar el mayor número de bodegas centenarias del mundo y, sus vinos, ocupan los primeros puestos en las revistas especializadas; haciendo de nuestro vino, uno de los más deseados. Todo esto me lleva a pensar que el vino de Haro no es patrimonio exclusivo de los jarreros y, la ‘Batalla del Vino’, máxima expresión de lo que somos, tampoco debería serlo.

Declarar la Batalla del Vino Fiesta de Interés Turístico Internacional no sólo aportaría una gran difusión al evento, sino a Haro en su conjunto. El vino es el motor económico por excelencia de nuestro pueblo. Miles de empleos dependen directamente de ello, pero no sólo la actividad vinícola vive de ello, otras actividades como la hostelería y el turismo están estrechamente ligados al mundo del vino. Al hacer la Batalla del Vino Fiesta de Interés Turístico Internacional, estas actividades también se verían beneficiadas económicamente.

Por otra parte, como jarrero, entiendo que haya reservas sobre este aspecto y, en cierta forma, yo también las tengo. Es evidente, que al hacer la Batalla del Vino Fiesta de Interés Turístico Internacional, se perdería el carácter “autóctono” de nuestra fiesta, pero también soy consciente de que ese carácter se ha ido diluyendo con el paso de los años. Como he dicho antes, el vino de Haro se ha consolidado como uno de los mejores del mundo y pretender que algo tan relacionado con nuestro vino como lo es la Batalla siga siendo exclusivamente nuestro es contradictorio.

“Tenemos que aprovechar ese escaparate internacional para estimular la economía de nuestro pueblo”

No obstante, cuando digo que también tengo mis reservas sobre este aspecto es porque soy consciente de la magnitud de la cuestión que nos ocupa y me preocupa que no podamos solventarla con éxito. A día de hoy, creo que no tenemos las infraestructuras necesarias para hacer frente a esta cuestión, pero eso no significa que con los medios pertinentes no podamos conseguirlo.

Imagen: Antonio Corral

Para finalizar, me gustaría hacer una reflexión. Cuando a comienzos del siglo XX, nuestros mayores se empezaron a ‘bautizar’ con vino, nunca se hubieran imaginado que esos ‘bautizos de vino’ se convertirían en lo que a día de hoy es la Batalla del Vino. Ellos nos dieron nuestra mayor fiesta, pero también nos dieron el mejor regalo que nos podían dar, nos dieron nuestro mejor escaparate de cara al exterior. Nuestro deber es utilizar ese escaparate para estimular la economía de nuestro pueblo porque al hacer la Batalla del Vino Fiesta de Interés Turístico Internacional nos daría un renombre que no sólo atraería al turismo el 29 de junio, sino también el resto del año. Al fin y al cabo, nuestro vino ya nos ha hecho internacionales… ¡Aprovechemos nuestra ‘Batalla’ también!”

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