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El ritual de Bodegas Altún para elegir sus mejores uvas

Los hermanos Martínez Pangua, tercera generación de viticultores, eligen los frutos de una de sus parcelas más emblemáticas a mano y uno a uno
Bodegas Altún
Foto: Bodegas Altún

En Baños de Ebro (Álava), los hermanos Alberto e Iker Martínez Pangua, tercera generación de viticultores en la Rioja Alavesa, dirigen Bodegas Altún, con las certezas que da la tradición y con las oportunidades también que brindan las nuevas tecnologías.

La vendimia ha comenzado en Altún esta semana. Es en este momento cuando se remata el control de los viñedos con los últimos análisis a sus vides y la degustación diaria en sus 49 hectáreas de cultivo repartidas en 23 parcelas entre las localidades de Baños de Ebro, Laguardia, San Vicente y Elciego. Cada área aporta a los frutos la peculiaridad intrínseca de cada terreno a la vez que reciben la recia y sana brisa de la Sierra de Cantabria.

Alberto, Iker y su equipo, gente joven y de la zona, están ahora trabajando en uno de los momentos más especiales e intensos del año.

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Pisado tradicional: mimo y cuidado

En esta bodega se elaboran diferentes vinos con diferentes técnicas, que exigen mucho mimo y cuidado. Por un lado está la preparación del vino de parcela, Vistalegre. Para la elaboración de este vino tan excepcional solo se trabaja con los frutos de una de sus parcelas. Tras la vendimia manual los racimos son trasladados en cajas de 15 kg para evitar que se aplaste la uva. Una vez en la bodega unas veinticinco de personas seleccionan a mano, grano a grano, la uva que echarán en pequeños barreños de madera y de la que saldrán muy pocas botellas.

El tradicional pisado de la uva también puede verse en Altún. Una vez recogido el fruto, se echa en un lagar donde tendrá lugar el ritual, que ofrece un ambiente especial para los que lo ven por primera vez. Con este proceso se elaborará el vino de maceración carbónica.
Los vinos de la Bodega Altún tienen una marcada personalidad. A su forma de cultivo marcada por la sostenibilidad se suma una filosofía heredada de la forma de trabajar de su abuelo.

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Para Alberto e Iker el mayor valor de Altún son “las viñas que tenemos, que son todas propiedad de la familia. Tempranillo, garnacha y graciano son sus variedades. Marcadas por estar plantadas en diferentes tipologías de terreno: arcillosos, cálcicos, calcáreos…

Los hermanos Altún, de 31 y 24 años, quieren lo mejor para sus vinos y están al tanto de cualquier novedad que ayude a incrementar la bondad que ya les regaló la tierra. A sus barricas de madera de roble se suman ahora sus impresionantes depósitos de hormigón. Este material, de origen natural, potencia el carácter mineral del vino y equilibra la acidez. En este tipo de depósito todo es más gradual, más suave, lo que se agradece durante la fermentación.

Iker y Alberto, bodegueros de ADN

Iker (1989) y Alberto (1996) crecieron en la casa que estaba en la bodega familiar. Sus primeros recuerdos están unidos al campo, a su abuelo y a su padre, a podar las vides, a pisar con sus pequeños pies miles y miles de uvas mientras les enseñaban a querer lo que estaban haciendo: cuidar y trabajar la tierra para que, generosa, les diera sus ricos frutos.

Los hermanos son un tándem perfecto. Los dos son enólogos. Iker, lleva la parte más técnica de los vinos y Alberto aporta toda la filosofía sobre el vino que ha aprendido de sus vivencias trabajando en viñedos de Nueva Zelanda, Burdeos, Borgoña o Baja California. Sus padres, siempre con ellos en la bodega, les ayudan. Ana, lleva la parte de la gestión económica y José Antonio es el apoyo en el campo, en la vendimia, en el pisado… es la voz de la experiencia.

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