La bodega eterna

El aire comprendido dentro del recinto sirvió de conducto para que la música de Camerata Iberia llegara hasta nuestros oídos y espíritus
Imagen del concierto de 'Camerata Iberia' en La Vieja Bodega de Casalarreina | Foto: Unai Maraña

Empezamos por el postre, sin desmerecer para nada el magnífico menú que nos sirvieron anoche en el merecidamente afamado restaurante La Vieja Bodega, en Casalarreina.

Comencemos, pues, por el maravilloso concierto de ‘Camerata Iberia’. Una soprano, una mezzosoprano, un archilaud y un chitarrone que deleitaron a un comedor completo de comensales. El concierto formaba parte del festival Clássica de música antigua que tiene lugar desde el pasado viernes y hasta mañana martes en Casalarreina.

“El silencio es requisito indispensable para que pueda haber música”

Con su director, Rubén Pérez, tuvimos ocasión de departir, no solo de música, mientras duró la soberbia cena servida, pues este melómano, una vez iniciado el recital, se entregó a su escucha, conmovido, en cuerpo y alma, y guardó el debido silencio que todos los asistentes entendieron necesario.

Concierto de ‘Camerata Iberia’ en La Piedad

Porque el silencio es requisito indispensable para que pueda haber música. El comedor de La Vieja Bodega se convirtió así, pues, en un espacio libre de vibraciones perturbadoras, y el aire comprendido dentro del recinto sirvió de conducto para que la música de Camerata Iberia llegara hasta nuestros oídos y espíritus.

El repertorio alternó ejecuciones solistas del archilaud, de la mezzo y de la soprano, así como interpretaciones de temas en las que participaban los cuatro miembros del más que afinado conjunto.

Y ¿qué decir de la cena? Sin duda, lo bastante suculenta y nutritiva como para que gozáramos aún más si cabe del recital. El menú constaba de una ensalada de langostinos, otro plato de pisto con bacalao y un tercero en el que el protagonista era un gran taco de bonito cocinado en su punto, sobre una salsa que daba al pescado un sabor a marmitako.

‘Camerata Iberia’ en La Vieja Bodega.

Todos estos productos del mar, así como los de la huerta, estaban perfectamente preparados y presentados. Las combinaciones de sabores y texturas eran del todo acertadas, y lo que lucía bien entraba mejor, regado además con albariño, tinto reserva, y cava para el postre, el de comer, que no desmerecía tampoco en nada a los platos anteriores ni al concierto posterior, por su suavidad y buen gusto.

“Los viajes son de ida, nunca de vuelta”

Mención especial requiere el personal, más que atento y eficaz, con Angel María Pérez Aguilar, dueño a la sazón de La Vieja Bodega, a la cabeza a modo de perfecto anfitrión, a la vez que durante la cena gozamos de la compañía de su hermano Javier. “Tenemos otro hermano en San Sebastián”. Pues ya le daremos recuerdos, hoy que tenemos que ir para allá.

En definitiva, fabuloso ecuador del festival Clássica, experiencia única que sirvió de hito en la constante eternidad, y broche inmejorable a esta nueva estancia en Casalarreina de quien escribe estas líneas. Un ‘desplazado’, como se definía al principio de esta serie de Postales de La Rioja, que volverá pronto aquí, a su segundo hogar, y que no se va a Donostia como vino, pues en esta vida, como dijo alguien, los viajes siempre son de ida, nunca de vuelta.

Ha sido, cómo no, una vez más, un placer. Nos vemos a la ida.

Galería de imágenes | Unai Maraña