Ezcaray, hogar de montañeros

La villa, que vive desde hoy sus fiestas de San Lorenzo, tiene un carácter recogido por lo estrecho de sus calles y plazas en su casco histórico, donde estos días algunos de sus comerciantes sacan sus productos a la calle
Postal de un Ezcaray veraniego | Foto: Unai Maraña

Conforme remontas el Valle del Oja desde Casalarreina, pasando por Santo Domingo de la Calzada, hasta Ojacastro con destino a Ezcaray, te da la sensación, mientras subes de estar en otra zona, más de montaña, qué se yo, como el Bierzo en León, casi Galicia, con sus prados verdes, sus bosques frondosos, sus casas de piedra y, sobre todo, esos montes que son preludio de la Sierra de la Demanda, que alberga la estación de esquí de Valdezcaray.

Son esos mismos montes que desde Casalarreina, en Semana Santa, contemplas nevados, los responsables de que este mes de agosto de 2019, todo esté tan verde por aquí, como si el deshielo se acabara de producir, aunque sabes que será por las lluvias de primavera porque el caudal del Oja ya no es el de la última vez que estuviste.

“Un hogar no es una residencia, y si no, que se lo pregunten a nuestros mayores”

Por favor, que las gentes de campo disculpen a este urbanita norteño su osadía a la hora de hablar de estos asuntos.

Ezcaray, que vive desde hoy sus fiestas de San Lorenzo, está al sur de aquí, de mi base, de Casalarreina, pero sus colores, sus construcciones de piedra, el aspecto en general cuidado, le confieren, como digo, un aire norteño, sin que yo pretenda con este comentario hacer menoscabo del sur del que todos procedemos.

Encajado entre colinas escarpadas que a los vascos nos recuerdan a nuestra tierra tras haber atravesado llanos, el paseo de la ribera del Oja a su paso por Ezcaray permite a los niños y niñas bajar hasta la orilla y lanzar piedras, o formar círculos con las mismas en las aguas cristalinas, o incluso escribir sus nombres en las piedras que hallarán después desconocidos como yo.

La villa tiene un carácter recogido por lo estrecho de sus calles y plazas en su casco histórico, donde estos días algunos de sus comerciantes sacan sus productos a la calle, entre ellos, bastones de ‘trekking’ a 9 euros y camisas, nikis, sudaderas y bañaderos de marcas muy del gusto de los vascos que allí acuden a su segunda casa, como Casalarreina es la nuestra. ¿Segunda residencia? Un hogar no es una residencia, y si no, que se lo pregunten a nuestros mayores.

Ezcaray, hogar de montañeros, da lo mismo si el primero o el segundo al que sueñan con escapar el resto del año.

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