Marine Le Pen | AP Photo/Michel Euler

¡Uuuuh –nos amenazan-, que viene la extrema derecha (personificada en Marine Le Pen)! ¡Que se quiere cargar la Unión Europea y el sacrosanto libre mercado! (Más adelante, trataremos en este mismo artículo el tema de la inmigración y la convivencia).

¡Ah, no, esperad: Macron, el paladín de los mercados, la detendrá para que todo siga igual, es decir, con su actual deriva a peor!

Ambos han pasado a segunda vuelta en las presidenciales francesas. El próximo domingo 7 de mayo, veremos en qué queda esto. No es la primera vez que lo que la tele llama ‘extremismo’ se cuela en la carrera al Elíseo. En esta primera vuelta de las presidenciales galas, Le Pen ha quedado segunda. Su padre, Jean Marie, en cambio, quedó nada menos que primero en 2002. En aquel entonces, todas las demás fuerzas se aliaron para detenerlo, como socialistas y conservadores impidieron más recientemente que el Frente Nacional se hiciera con el poder regional en Francia tras ser el partido más votado en primera vuelta.

Pero, ¡oh! ¡Atentos! Un giro inesperado: he leído en Público que Le Pen ha dejado la presidencia del Frente Nacional para poder maniobrar con más soltura y atraer voto de izquierda. ¿Conseguirá cambiar algo?

Sería terrible que gobernara Le Pen. ¿Os imagináis que no dejaran entrar a los refugiados sirios? Ah, no, esperad: esto ya está pasando. La UE firmó un acuerdo con Turquía para que los retuviera. Pero, ¿os imagináis, qué sé yo, concertinas que desgarren la piel de los inmigrantes en la valla de…? El caso es que me suena…

¿Y si le da como presidenta por ordenar bombardeos en Siria? Ah, ya; Hollande, el actual presidente francés, ya los ordenó…

Emmanuel Macron.

Tampoco voy a hacer mucho caso al programa de Le Pen, que ni he consultado, por aquello de la tendencia a incumplirlos que tienen los políticos, pero para mí que, si es capaz de dejar la presidencia de su partido, si así quiere contentar en cierta medida a todo el mundo, si se pone piel de cordero, entonces no representa la amenaza que nos han vendido.

La candidata a la presidencia francesa, por ejemplo, no creo que pudiera, aunque quisiera ella y quisieran muchos otros, hacer una tan temida por unos y deseada por otros ‘limpieza étnica’ en Francia; lo veo casi imposible. Por un lado, porque creo que algo aprendimos después del nazismo. Y por el otro, considero que, como mucho, podría expulsar a los inmigrantes sin papeles o que cometan delitos. Pero en tal caso, qué queréis que os diga, no me parece mucho mejor lo que hacen en España los gobernantes con este tema, es decir, saturar las cárceles y los CIEs.

Vamos a ver, seamos serios con el tema de la inmigración. No podemos seguir con un discurso, unos pensamientos y unos sentimientos en privado, y otro políticamente correcto en público. Hace poco, la Sexta emitió en Salvados, el espacio al que pone cara Jordi Evolé, dos programas titulados ‘Hijos de la Ira’. Salvados identificó bien que los ciudadanos occidentales están más que hartos de la corrupción, del libre mercado y de los abusos del capitalismo, y de ahí Trumps, Brexits, 15Mes, etcétera. Y cómo no, Frentes Nacionales.

Los ciudadanos franceses que salían en el programa de Evolé que pude ver, la segunda parte, seguidores del Frente Nacional, no decían NADA que no escuchemos en España cuando no hay cámaras ni periodistas ni ONGs ni políticos ni nada que se le parezca delante. Denunciaban problemas de convivencia y cómo la izquierda mira hacia otro lado. NO es sólo “el odio del penúltimo contra el último” que decía Pablo Iglesias, ni tiene nada que ver con el color de la piel. Tiene más que ver con la frecuente disculpa con la que cierta izquierda excusa muchos problemas de convivencia o delincuencia: “Es una cuestión cultural”.

¡Exacto! ¡Ahí le habéis dado! Eso es, precisamente: una cuestión, o problema, cultural. Vosotros mismos lo habéis dicho. Porque seamos serios, los que de verdad tratamos o hayamos tratado con personas venidas de otras culturas: el multiculturalismo es, para mí, un gran error de la izquierda europea. ¿Por qué? Porque un gran éxito de esa misma izquierda había sido ayudar a los europeos a superar su propia cultura, si entendemos ésta como ese saco de tradiciones, religión, superstición, prejuicios, sexismo y todo eso que quería desterrar esa misma izquierda porque supone un yugo que atenaza a las personas e impide avanzar en materia, por ejemplo, de derechos humanos.

Aunque ahora resulta que, si eres de izquierdas y no te quieres salir de la foto, sólo puedes criticar el primero de estos dos libros, el local o judeocristiano, porque si criticas también el segundo eres “islamófobo”

Esto que digo no tiene NADA que ver con, por ejemplo, que el actual alcalde de Londres sea musulmán (y del partido laborista, por cierto; tengo un amigo, también musulmán, en la capital británica y parece irles bien), que me parece estupendo mientras mantengamos los principios laicos de convivencia, porque se suponía que esto del progreso social iba, entre otras cosas, de que NO nos guiásemos por ningún libro ‘sagrado’ y atávico, sea la Biblia cristiana o sea el Corán, me da lo mismo. Aunque ahora resulta que, si eres de izquierdas y no te quieres salir de la foto, sólo puedes criticar el primero de estos dos libros, el local o judeocristiano, porque si criticas también el segundo eres “islamófobo”, ¡toma ya! ¿Ahora resulta que anteponemos las tradiciones a los derechos humanos? ¿Después de tanta lucha y conquista?

Al margen de mi opinión, los políticos europeos, en general, lejos de Trump y Le Pen, están más preocupados por quedar bien ante los medios, y ante la falsedad pública (mal entendida como opinión pública), que por ganarse al electorado. Incluso entre los votantes de Macron estará extendido el miedo al delincuente de origen magrebí o al terrorista foráneo (un error este último temor, porque la mayoría de los terroristas que han atentado en Francia en los últimos años eran plenamente franceses) y al retroceso en los derechos conquistados. Pero le votarán a él, en contra de Le Pen, por un miedo mayor, el miedo al cambio, a la salida de la Unión Europea y todo eso.

El lobo al que me refería al principio del artículo ya está aquí, mal que les pese a nuestros gobernantes, y no viene de fuera. Europa aúlla con fuerza.

O tal vez el 7 de mayo nos llevemos la sorpresa y haya un cambio real en Europa, que dinamite la Unión Europea y, al estilo de Trump, haga sentir a los ciudadanos que están por delante no ya de la inmigración (vuelvo a recordar que las fronteras de la UE ya están cerradas para los pobres sirios, y que los musulmanes franceses son ciudadanos de pleno derecho), sino del libre comercio. Tal vez Francia, el mes que viene, vote lo que siente y deje el miedo al cambio a un lado.

Pero lo que está claro es que algo ya ha cambiado. El lobo al que me refería al principio del artículo ya está aquí, mal que les pese a nuestros gobernantes, y no viene de fuera. Europa aúlla con fuerza. Nos advirtieron contra una amenaza interior, le pusieron un nombre (extrema derecha, aunque ahora también nos quieren asustar con eso del ‘populismo’), la identificaron con monstruos y holocaustos de un pasado que conviene no olvidar, y mientras tanto, fuimos felices en el Estado de Bienestar… hasta que se lo cargaron. Ahora que el sistema no da alternativas ni esperanzas ni confianza a los ciudadanos, que no se extrañen de que a estos les hayan crecido los colmillos.

Un penúltimo apunte: cuando entre 2005 y 2006, el extrarradio de Paris estalló de furia, aquellos jóvenes de ascendencia magrebí que prendían fuego incluso a las escuelas y a los coches de sus propios vecinos, no llevaban largas barbas ni leían el Corán, pero quedó claro que había un problema ya entonces, la bomba estaba ahí, y ahora el Estado Islámico ha dado sentido a las vidas de algunos, aunque sea para que se inmolen sembrando muerte. Francia, si quiere, que se cierre, pero se queda con ese problema de integración dentro que no ha solucionado el paso del tiempo.

Un coche arde en noviembre de 2005 | AFP PHOTO THOMAS COEX

En este sentido, la tan temida Le Pen también estaría engañando a su electorado, porque es obvio que, tanto los problemas de convivencia entre ciudadanos de pleno derecho, como el terrorismo global, no se solucionan con muros, porque vuelvo a recordar que esos terroristas del ISIS que han matado en Francia no son sino los mismos jóvenes franceses que en 2005 quemaban coches, pero reconvertidos al fanatismo. Habrá que ayudarles a encontrar otro sentido a sus vidas, ¿no? Más allá de la pertenencia, porque no se ha conseguido que se sientan franceses, y ya saben que tampoco son de donde vinieron sus abuelos. Habrá que integrarlos, digo yo, porque ya se han visto las violentas consecuencias de excluirlos.

Última hora: Jean Marie Le Pen, padre de Marine, critica por “blanda” la campaña de su hija. Tal vez sea así, tal vez Marine no es más que una versión descafeinada de su padre y hace honor por tanto a esta sociedad líquida, como la definió Bauman. Entonces, puede que ni el Frente Nacional represente ya una opción de cambio. Puede que estemos ante el fin de la Historia con mayúsculas, otra vez. A saber. Pero, al menos, esto que la tele llama extremismos nos da un pizca de emoción, y a algunos incluso les da esperanza, aunque sea la de que se vaya todo a la mierda. A esto hemos llegado. Muchas gracias, sistema.

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