Hoy toca hablar del circo, del de toda la vida, del que gritaba aquello del ‘más difícil todavía’ y del que lleva saturando los medios de comunicación durante los últimos meses. Exacto, vamos a hablar de Cataluña.

A estas alturas del partido, todo el mundo tiene ya sus conclusiones sobre este jaleo, todos hemos tenido la oportunidad de mantener una acalorada charla de bar y más o menos ya está todo el pescado vendido. Así que vamos a intentar dar una vuelta de tuerca a todo esto, no hablando de quien lleva la razón, sino razonando qué es lo que quiere hacer toda esta banda que nos gobierna.

“El malo es el otro”

Siempre he dejado claro que la clase política no es santo de mi devoción, pero hay que reconocerles una cosa: son únicos para eliminar todos los matices. Han convertido todo este conflicto en un “o estás conmigo o contra mí” o me dejas votar o eres un facha, o cumples lo que dice la ley o eres un forajido. No hay medias tintas, no hay posibilidad de debate y todos dicen lo mismo: el malo es el otro. Así que este diálogo de besugos nos ha llevado a un callejón sin salida en el que ninguno de los dos implicados tiene intención de recular. Y justo cuando quedan unos días para que se cumpla la fecha prevista para el referéndum, es cuando estos “avispados” dirigentes han decidido marcarse un doble mortal en la pista central.

Como ninguno de los dos quiere dar su brazo a torcer y ninguno quiere parecer el perdedor, han pasado la patata caliente para que “alguien” les resuelva la papeleta. Los primeros en hacerlo fueron los catalanes. Sin ni siquiera sonrojarse salieron varios altos cargos de la Generalitat diciendo que debían ser los ciudadanos quienes mantuviesen vivo el proceso con sus protestas en las calles. Y como aquí nadie quiere parecer el malo de la película, el Gobierno de Rajoy tardó poco en anunciar que ponía en marcha todo lo que estaba en sus manos para hacer cumplir la Ley. Policías, detenciones exprés, desplazamiento de efectivos y todo lo que sea necesario. Todo ello por el bien de los ciudadanos y para garantizar la unidad de España.

Mientras los informativos llenan minutos y minutos con todo lo que ocurre en tierras catalanas, la vida sigue su curso

Lo mejor de todo es que en el resto de pistas de este circo han empezado a suceder pequeños espectáculos. El PNV ha decidido lanzar una serie de avisos a Madrid, diciéndoles que dependiendo de cómo sea su respuesta con el caso catalán se replantearán mantener su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado del PP. Obviamente, aquí nadie se quiere quedar atrás y, ante el riesgo de que el PNV pueda parecer menos beligerante con el Gobierno de Rajoy, han decidido empezar a lanzar indirectas al más puro estilo Gila.

Y como en los mejores espectáculos de magia, mientras los espectadores miramos a un lado, el verdadero truco ocurre en otro. Mientras los informativos llenan minutos y minutos con todo lo que ocurre en tierras catalanas, la vida sigue su curso. Hoy se aprueba el CETA (Acuerdo Economico y de Comercio entre la Unión Europea y Canadá), ayer Cristina Cifuentes hacía cambios en la mitad de su gobierno para sanearlo, porque había algunos involucrados en causas judiciales… Vaya usted a saber lo que decidirán cambiar mañana mientras todos miramos atentos a Cataluña.

Una de las máximas del circo es que el espectáculo debe continuar y eso es lo que va a ocurrir (por lo menos hasta el próximo 1 de octubre). Nos quedan unos cuantos días de diversión, así que sólo nos queda comprar palomitas y asistir con cara de sorpresa a todo este lamentable espectáculo. Eso sí, tened muy claro que el día 2 el mundo no se va a parar por mucho que nos lo intente hacer creer esta banda de políticos que nos gobiernan y que nos ha tocado sufrir. El día 2 seguiremos teniendo que madrugar y que correr para coger el autobús, y los problemas volverán a ser los mismos que en mayo. Los mismos.

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