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Términos de Haro: recodo de Hondón (III)

Siguiendo las directrices de la descripción que hemos realizado en los anteriores capítulos, el primer hito que encontramos es el Cenotafio de los Liberales
Foto: Carlos Mena

Los hitos históricos que podemos encontrar en el recodo de Hondón son altamente interesantes. En esta zona, como ya hemos comentado, existen numerosos restos arqueológicos que nos indica la ocupación de la zona durante la época romana y su testificación desde la alta Edad Media hasta la nuestros días. Como ya he comentado, fue una zona muy poblada y trabajada por el pueblo judío jarrero.

Siguiendo las directrices de la descripción que hemos realizado en los anteriores capítulos, el primer hito que encontramos es el Cenotafio de los Liberales. Este monumento nos indica el lugar donde apareció el cadáver de uno de los liberales jarreros que fallecieron en la refriega del 13 de marzo de 1834, Antonio Bañares. En la lápida se reflejan los nombres de los 7 milicianos que fallecieron ahogados en el Ebro tras una desorganizada retirada. En el capítulo que se dedicará al término de “El Puerto”, describiré con más detalle los hechos acaecidos aquel fatídico día. Añadiré, que este modesto monumento, sería el lugar de reunión y conmemoración liberal hasta que se inauguró el Panteón de los Liberales en 1889.

Frente al Cenotafio se encuentra la entrada a viña Vicuana. Explotación perteneciente a Bodegas Bilbaínas, finca que, según informa la página web de la bodega, tiene una extensión de 12 hectáreas y sus vides, Tempranillo y Graciano, una edad media de 30 años. Asimismo, casi en el centro de la misma, apreciamos una caseta de dos pisos con el diseño típico de estas edificaciones.

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Ermita de Nuestra Señora del Puente

Antes de llegar al puente de Briñas encontraremos un terreno delimitado por un corte en la pared de arenisca que nos hace suponer que sería causada por una explotación de piedra, o cantera, usada para las diferentes construcciones que realizaron en la zona. Ámbito, probablemente, en el que se asentaría la Ermita de Nuestra Señora del Puente, junto a la aduana del puente de Briñas (edificio que, posteriormente, se utilizaría como acuartelamiento hasta su desaparición).

Esta ermita tiene una antigüedad notable, pero muy poco documentada hasta el siglo XVII, pudiendo imaginar que la devoción a esta Imagen sería más cautivadora y popular a la ubicada en la ornacina labrada en el término de Perdigón, donde se encuentran la necrópolis y el guardaviñas.

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Siguiendo este hipotético razonamiento podemos sospechar la existencia de un culto mariano proveniente de alguna forma de eremitismo, que con el paso del tiempo florecería haciendo necesaria la edificación de la ermita ubicada entre la cantera y la aduana, en la cabecera del puente más cercana a Haro.

Ya en el año 1651 encontramos documentos sobre una cofradía con una Constitución y una lista con los nombramiento de oficio (esto es un abad, prior, regidor viejo, encargado de llevar el pendón en las rogativas, regidor nuevo, notario y mayordomo, encargado de las cuentas y limosnas, con un presupuesto de unos 60 reales).

Posteriormente, en la siguiente centuria, 1716, se consiguiría, del Papa Inocencio XIII, que se pudiera ganar el Jubileo visitando la ermita y comulgar en la fecha de celebración en determinadas festividades, como:

  • Domingo de Quasimodo: El posterior al Domingo de Resurrección, denominado así por las palabras de la antífona de entrada (“Quasi modo geniti..”). Esta era la festividad principal de la Cofradía, celebrándose una romeria por parte de toda la Villa.
  • Festividades de la Encarnación (25/03), la Asunción (15/08), la Natividad (08/12) y de la Puraficación (02/02)

En años sucesivos se recogen noticias sobre colectas para arreglos y remodelaciones de la ermita. Asimismo, la Corporación acudía a tomar un refrigerio uno de los días de la Octava de San Felices (1727, tal como recoge Hergueta).

Con la ocupación francesa la ermita sería fortificada, ordenando los “gabachos” llevar materiales tales como adobes, tejas y madera, por lo que, posiblemente, serviría como acantonamiento galo de tropas, tanto de infantería como de caballería.

Del final de esta guerra, es seguro, que date su desaparición, así como de otros destacados edificios religiosos y civiles de la ciudad. Sin embargo, el que acogía el pontazgo, o aduana del Ebro, sobreviviría, siendo usado, durante las siguientes guerras Carlistas, como acuartelamiento tal como demuestran los diferentes planos datados en noviembre de 1834.

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