Foto; Partido Popular de La Rioja.

Pese a que Patricio Capellán tomó posesión de su acta de concejal, tras los comicios de mayo de 2015, su actividad municipal se vio completamente mermada por sus problemas de salud. Capellán encabezó, una vez más, la lista del Partido Popular, que resultó la más apoyada por los jarreros a nivel individual aunque perdió cerca de 900 votos, tres ediles y la mayoría absoluta de la que disfrutaba hasta la fecha.

El pacto de gobierno entre PSOE, Ganemos Haro y PR+ relegó a los populares a la oposición, a pesar de los esfuerzos de éstos últimos, para intentar llegar a un acuerdo con los regionalistas a última hora. Un acuerdo que no llegaría. El 13 de junio de 2015, en el pleno de constitución de la nueva corporación, finalmente, Patricio Capellán entregaba la vara de mando de la ciudad a la socialista Laura Rivado.

El ya exalcalde de Haro ponía, con este acto, prácticamente fin a su trayectoria política, aunque pasaría un año hasta que lo hizo oficial. Hablamos, sin duda, de una figura histórica dentro del municipalismo riojano. Herrero de profesión y jarrero ‘hasta la médula’, Capellán accedió al Consistorio como concejal en 1983 y en los comicios de 1987 obtuvo su primera mayoría absoluta, que no sería la primera a lo largo de su trayectoria.

Y es que cuatro años más tarde, en 1991, el alcalde acrecentó su éxito en las urnas bajo las siglas del Partido Popular, tras la refundación de la ya desaparecida Alianza Popular. En 1995, Capellán mantuvo ‘la marca’ en votos, no así en concejales, por lo que perdió la mayoría absoluta pero no la alcaldía gracias a un pacto de gobierno con los regionalistas.

Haro contaba entonces con 13 concejales y en 1999 el Partido Popular lograba un nuevo éxito electoral al recuperar la mayoría absoluta. Pero en 2003 una joven candidata socialista, Lidia Rojas, se quedó a 450 votos de alcanzar a los populares, y a tan sólo un concejal. Un acuerdo tripartito entre PSOE, PR e Izquierda Unida desalojaba a Capellán de la alcaldía, que pasaba entonces a hacerse cargo de la labor de oposición.

Un año después se produciría uno de los episodios políticos más comentados en la historia de la ciudad jarrera. El edil regionalista, en contra de los intereses de su formación, rompía el pacto de gobierno y, a través de una moción de censura, cuyo pleno se materializó en el Teatro Bretón de los Herreros, otorgaba de nuevo la alcaldía a Patricio Capellán, que gobernaría con Baudilio Álvarez durante el resto de la legislatura.

La duda residía en saber si los jarreros perdonarían o no esta circunstancia, que pese a ser legal, muchos tacharon de poco ética. Pues bien, en 2007, los vecinos entendieron que se trataba de ‘una batalla de dos’ entre Capellán y Rojas, por lo que ni Partido Riojano ni Izquierda Unida lograron representación municipal.

El reparto de fuerzas, con la ley electoral y sin posibilidad de pactos, benefició al Partido Popular que con 224 votos más, con respecto a 2003 (2.822 frente a 2.598), aumentó en cuatro concejales (10 en total). El PSOE subió en 22 votos, de 2.147 a 2.169, y creció también en dos ediles (siete). El bipartidismo se hacía fuerte en el Ayuntamiento de Haro, con una corporación presidida por Capellán.

El alcalde mantenía la confianza de los jarreros en 2011 con una nueva y holgada mayoría absoluta frente al resto de grupos. Patricio Capellán concurría con éxito, por penúltima vez, a unos comicios en los que la crisis europea, española y del PSOE de Zapatero marcaban la política nacional e influían también en el municipalismo.

Haro por delante de sus intereses políticos

El alcalde de Haro fue una figura reconocida en toda La Rioja, sobre todo, por su capacidad de negociación con otras administraciones, lo que le reportaría ‘grandes alegrías a la ciudad’. Pese a todo, dentro del Partido Popular de La Rioja, y en círculos cerrados, se le llegaría a calificar como un ‘verso suelto’ e incluso como molesto ‘por algunas de sus afirmaciones’. Y es que Capellán siempre manifestó que ‘no tenía ningún tipo de aspiración política, más que la de lograr cosas para su pueblo’.

Foto: Gobierno de La Rioja.
Foto: Gobierno de La Rioja.

De hecho, en más de una ocasión amagó con abandonar el Partido Popular si no se atendían las demandas de la ciudad. En una de las últimas ocasiones amagó incluso con su dimisión. Fue con motivo de la posibilidad de cerrar los juzgados de Haro, algo que finalmente no ocurrió.

Pese a las grandes inversiones que se llevaron a cabo en la ciudad como el Palacio de Bendaña, el Museo del Torreón, la ampliación del Ayuntamiento, de lo que más orgulloso se sentía Capellán era de haber llevado el agua de boca a todas las casas de la ciudad ‘algo que no ocurría cuando accedí al Ayuntamiento’, como manifestó en una ocasión.

Precisamente, la renovación de redes de agua fue uno de los proyectos que dejó en marcha y que, a día de hoy, el actual gobierno municipal mantiene y le da continuidad. Era habitual que la ciudad jarrera ofreciese agua a las localidades que así lo requerían, sobre todo en época estival.

Más de 30 años en un ayuntamiento, 27 de ellos como alcalde, tienen sus luces, pero también sus sombras. Muy criticados fueron los incrementos en los costes de las obras gestionadas por Capellán, como las piscinas climatizadas o el edificio de la Escuela Oficial de Idiomas; la instauración y posterior extensión de la zona azul en la ciudad, el cuestionado proyecto del barco del vino o el malogrado campo de golf, entre otras cuestiones. Aunque, por ejemplo, el proyecto del campo de golf sí que reportó una gran cantidad de dinero a las arcas del Consistorio.

Su relación con el resto de partidos de la corporación tuvo varios periodos. La diferenciación que el propio Capellán hacía entre gobierno y oposición pasaba por ‘nosotros hacemos y ellos critican’, algo que no era muy bien entendido, sobre todo por los ediles más jóvenes, incluso dentro de las filas del Partido Popular.

Pero si algo tenía claro Capellán era su respeto por cualquier concejal que dedicaba su tiempo, y parte de su vida, a trabajar por los jarreros ya sea en el Ejecutivo, o fuera de él. Además, el exalcalde era muy respetuoso con los representantes municipales de otras localidades, aunque pertenecieran a otra formación política diferente.

El orden era parte de su forma de entender el trabajo, por lo que la disciplina de voto era una constante dentro de su gobierno. Sonadas eran las discusiones con aquellos que no respetaran esta premisa, algo que ocurrió en muy pocas ocasiones.

Un alcalde muy cercano

Capellán fue un jarrero más, y prueba de ello era su conocimiento de gran parte de la población. Habituales eran sus paseos matinales para comprobar el estado de las distintas obras de la ciudad, sus charlas con los vecinos, sus visitas a las personas que estaban enfermas, y verle ‘hacer La Herradura’ con sus amigos.

La ‘ansiada sucesión’ de Capellán ha sido ampliamente debatida, dentro y fuera del Partido Popular de Haro y de La Rioja. A su puesto le salieron ‘muchos novios y novias’ a los que él mismo se encargó de ‘bajar los humos y parar los pies’ ya que si él era candidato, nadie se atrevía a retarle. Esto conllevó que las aspiraciones de muchos se hayan convertido en ‘eternas’.

La sorpresa surgió tras su renuncia cuando, en contra de lo que muchos pensaban, no nombró sucesor. Tal vez este sea uno de los mayores gestos de generosidad con los suyos y, sobre todo, con los jarreros. Y es que el Partido Popular de Haro es Patricio Capellán. Tal vez, incluso para él, era muy difícil resolver esta ecuación, por lo que será su propia formación la que tendrá que resolver este asunto en el futuro.

Hoy nos deja parte de la historia de la ciudad y si en algo coinciden defensores y detractores es que ‘quiso a su pueblo por encima de todo’. Se ha ido sin hacer ruido, no quiso homenajes ni reconocimientos, pese a merecerlos porque, tal vez, él nunca dejó de verse como el alcalde de Haro.

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