Se acerca una revolución lenta pero imparable. Hemos llegado a un punto en el que la tecnología actual es capaz de ‘leer’ lo que pensamos. Ya hay prótesis robóticas, tales como brazos o piernas que funcionan siguiendo nuestras órdenes mentales de la misma forma que lo hacen nuestros miembros biológicos. Otro ejemplo son los implantes oculares conectados directamente al nervio óptico que son capaces de suplir parcialmente la visión.

Las fallidas ‘Google Glass’, las gafas de realidad aumentada desarrolladas por Google en 2012, fueron un comienzo, un punto de partida de lo que se nos viene encima, pero nada comparado con lo que pretenden varias empresas actuales, como la anunciada ‘Neuralink’, una ambiciosa compañía que pretende conectar nuestros cerebros a ordenadores. El objetivo es crear una capa de inteligencia artificial que pueda funcionar biológicamente dentro de nosotros usando para ello una nueva tecnología llamada ‘lazo neuronal’ que conectará unos electrodos a nuestra corteza cerebral. Algo así como una realidad aumentada, pero en vez de estar proyectada en unas gafas, estará proyectada directamente en nuestro cerebro.

La preocupación de que la inteligencia artificial nos supere muy pronto y nos deje obsoletos como especie es uno de los motivos principales por el que los desarrolladores de esta tecnología pretenden añadir esa capa extra de inteligencia.

La preocupación de que la inteligencia artificial nos supere muy pronto y nos deje obsoletos como especie es uno de los motivos principales por el que los desarrolladores de esta tecnología pretenden añadir esa capa extra de inteligencia. Sería como ‘vitaminar’ el cerebro, para ayudarle a no quedarse atrás de las nuevas e incipientes Inteligencias Artificiales.

Imaginemos que queremos recordar el nombre de una persona, pues bien, esta tecnología implantada dentro de nuestra cabeza estaría conectada a internet y nos ‘chivaría’ el nombre buscándolo en nuestras redes sociales. Podemos imaginar muchos usos que se le podría dar a estos implantes: por ejemplo, ya no nos perderíamos, ya que tendríamos un mapa con GPS que nos indicaría por dónde ir, superponiendo a nuestra visión normal las indicaciones necesarias para llegar a nuestro destino. Podríamos llamar a alguien con solo pensarlo. Podríamos hacer cálculos complejos mentalmente o recibir instrucciones de nuestro jefe de pelotón en el ejército, no olvidar nunca una cita, ver películas con solo cerrar los ojos, escuchar música sin necesidad de auriculares, etcétera. Estos son sólo algunos de los usos que se nos pueden ocurrir, pero como siempre pasa: la realidad supera siempre a la ficción. Pero, tranquilos, que no nos queda mucho para ver todos estos avances.

Aunque a corto plazo estos implantes empezarán a usarse para tratar enfermedades como la epilepsia o la depresión, poco a poco, como cualquier otra tecnología, se irá extendiendo al resto de la población con más y más aplicaciones. En un futuro no muy lejano veremos una convergencia entre la inteligencia biológica y la digital: una simbiosis, la única forma posible de que las nuevas y crecientes Inteligencias Artificiales no nos superen. Y quién sabe, quizá en un futuro esta tecnología sea lo suficientemente avanzada como para hacer una transferencia de nuestro cerebro a un soporte digital, o transfiriéndolo a un cuerpo robótico o a un mundo virtual alojado en servidores informáticos. ¿Será ésta la tan buscada inmortalidad?

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