Entras en internet y haces una simple búsqueda en Google, mandas un simple email a un amigo, o navegas por tu web favorita de noticias. Cosas tan simples e inocentes están constantemente vigiladas por los gobiernos y por otras organizaciones no tan legales.

Muchos gobiernos, en aras de la seguridad nacional, han aprobado leyes en contra de la privacidad en internet e incluso leyes mordaza que impiden a las empresas a las que se les piden datos poder hablar de estas peticiones. Un ejemplo de ello es la empresa de correo estadounidense ‘Lavabit’, a la cual el FBI le pidió los emails de Snowden. El fundador de la empresa, Ladar Levison, entregó las claves de desencriptación y apagó el servicio al mismo tiempo, exponiéndose a su detención por, en teoría, haber violado una orden judicial.

Hizo falta tiempo y muchos sustos para que la gente se mentalizara en instalarse antivirus

Aunque suene a título de un capítulo de ‘Futurama”, existe un grupo conocido como ‘Los Cinco Ojos’, un acuerdo entre EEUU, Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda para recopilar y analizar de manera conjunta datos de internet de la población de sus respectivos países. Aunque estos países han acordado no espiarse entre sí como adversarios, las filtraciones de Edward Snowden han demostrado que estos países han espiado a ciudadanos de otros países del grupo mediante acuerdos secretos para evitar infringir las leyes de cada gobierno.

Esta alianza también coopera con otros grupos de terceros países, lo que en conjunto se le conoce como ‘Los Catorce Ojos’, que estarían formados por, además de los anteriores, Dinamarca, Francia, Países Bajos, Noruega, Bélgica, Alemania, Italia, España y Suecia.

Hay webs en las que podemos comprobar si una organización ha recibido alguna citación secreta de datos durante un periodo específico de tiempo. A esto se le llama ‘Alerta Canario’, denominada así por el método que usaban los mineros para detectar una fuga de gas grisú: se bajaban un canario que estaban siempre cantando, y cuando el animal dejaba de cantar, eso alertaba a los mineros a salir corriendo de la mina. Un ejemplo de este tipo de webs es https://proxy.sh/canary

Preocuparnos por ello es una molestia, un trabajo extra, o simplemente algo que nunca te has planteado, pero lo mismo pasaba al principio de la era de internet con los virus: hizo falta tiempo y muchos sustos para que la gente se mentalizara en instalarse antivirus. Si navegamos un poco por internet encontraremos muchas páginas que nos indicarán como aumentar nuestra seguridad y privacidad, tanto en nuestros ordenadores de sobremesa como en nuestro teléfonos móviles.

Tres cosas básicas para empezar

Yo os recomiendo tres cosas básicas para empezar: un navegador, un cliente de correo y un buscador de internet seguros. Lo primero es un navegador de internet. En esto el más seguro es ‘Tor’, una versión modificada del popular ‘Firefox’, que viene con complementos de privacidad ya preinstalados y un cifrado avanzado. Si os referimos a un buen proveedor de correo electrónico, os recomiendo uno muy seguro y consciente de la privacidad, ‘Protonmail’, totalmente gratuito en su plan básico de 500 mb y con los servidores en Suecia, enterrados a un kilómetro y medio de profundidad.

Y por último un buscador seguro. En este caso os recomiendo dos: searx.me, un motor de búsqueda de código abierto, que añade los resultados de otros motores de búsqueda y no guarda información sobre sus usuarios. Sin registros, sin anuncios, y sin seguimiento. Y duckduckgo.com, un motor de búsqueda que no te rastrea ni guarda tus resultados.

Habrá gente que diga “no me preocupa mi privacidad, no tengo nada que esconder, no he hecho nada”. Pero, ya que no tienes nada que esconder, ¿le darías a alguien todas tus contraseñas de tus cuentas de correo, de Facebook, de Twitter, de tu cuenta bancaria y demás web que sueles usar? Esta persona sería capaz de leer lo que quiera de tus correos, tu muro de Facebook o tu timeline de Twitter, publicar en tu nombre lo que quiera, ver en qué te gastas el dinero, lo que compras, comprar en tu nombre, ver qué páginas visitas, que vídeos te gusta ver, etc. Es fácil imaginarse la respuesta: no, no le darías las contraseñas a nadie.

Entonces, ¿por qué no prestamos más atención a nuestra privacidad, porque no le damos importancia a las leyes que aprueban en este sentido los gobiernos? Vivimos en un ‘Gran Hermano’ instaurado en silencio, un gran hermano al que nos hemos acostumbrado poco a poco, somos esclavos de nuestra información.

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