Vivir en Shanghai te deja la boca abierta al menos una vez al día. No siempre es por razones positivas como podréis ir descubriendo. Vas camino del trabajo y piensas: ¿Ese edificio estaba ayer ahí? ¿Y eso no era un restaurante griego? ¿Ahora es una lavandería?… Así es Shanghai, rápida, dinámica, desorganizada y caótica donde el dinero fluye de mano en mano sin descanso, sin protestas, sin drama, sólo fluye y fluye.

El otro día, de paseo por el ‘Bund’ (la parte más cercana al río Huanpu), donde los preciosos edificios coloniales, que son sede de los más importantes bancos de China y se mezclan con las barcazas que transportan la arena necesaria para alimentar la monstruosa industria del ladrillo, me encontré con un edificio vestido de pastel. De tarta, vamos.

Algún avezado empresario había pensado en llamar la atención del personal recubriendo la sede de su empresa como si fuera una tarta y claro que lo consiguió. La verdad es que está chulo y aquí no desentona en absoluto, en la ciudad del ‘vale-todo’.

Shnaghai_pastel

Lo que no esperaba el buen señor es que las inflexibles autoridades chinas, preocupadas por todo menos por lo que realmente importa, le iba a instar ‘de manera educada’ a eliminar al día siguiente los dulces elementos decorativos de la fachada. Ojo a las medidas de seguridad de ‘mis amigos’ suspendidos en la fachada como si estuvieran en los columpios del parque.

Shanghai_seguridad

Pero ¿cómo me enteré yo? Justo pasando al día siguiente por el mismo sitio. ¿WTF? ¿Eso de ahí no era ayer un pastel? Así es Shanghai: rápida y furiosa. Y deshumanizada. Sí, sí. Recientemente saltó la siguiente polémica: el gobierno local trataba de aprobar la nueva ley del ‘buen samaritano’. Para resumir: una ley que protege al buen samaritano en caso de ayudar a alguien accidentado o herido en la calle. Sí, amigos, ‘de protegerle’. Y es que en la actual China, si ayudas a alguien en la calle y debido a tu ayuda este sujeto tiene problemas en el futuro puede denunciarte y sacarte hasta la medallita de oro de la comunión. Por lo que la picaresca (no he visto un país más pícaro que éste; reíros del Lazarillo) hace que en el 99 por ciento de los casos, el accidentado denuncie al posible samaritano. ¿A que es adorable?

Escenas como ésta están a la orden del día. En este caso, un hombre ha sufrido un desfallecimiento en la calle y nadie se digna a ayudarlo, mirándolo como si fuera un panda en el zoo de Chengdu. ¡Saludos desde ‘Crazy Shanghai’!

shanghai_Accidente

Shanghai, 4 de Noviembre de 2016

Fotos vía chinanews.com

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