Recuerdo perfectamente salir del despacho de la directora de recursos humanos de mi empresa con una sensación de frío en las manos el día que me confirmaron que los próximos dos años de mi vida los pasaría en Shanghai.

A fin de cuentas, yo mismo había solicitado esta plaza, pero ese sudor frio no dejaba de recorrer mi baja espalda: China…

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Nunca había pensado en emigrar. Las cosas en España siempre me habían ido bien. Mi generación, la ultima que estudió BUP y COU, siempre supo mantenerse a flote y la crisis ya me pilló bastante colocado (laboralmente hablando) y con un ‘background’ que ha hecho que, desde los 16 años hasta el día de hoy, no haya pasado ni un día en el paro. Y han pasado 20 años ya. Siempre inconformista, y ciertamente aburrido de mi vida en Madrid decidí cambiar de rumbo y probarme a mí mismo: si conseguía vivir en Shanghai durante dos años conseguiría vivir en cualquier parte del mundo. Y así es.

Todo era genial, incluso el hecho de luchar cada día por conseguir un taxi o cruzar la calle sin que te atropellaran era estimulante

A mes y medio de completar estos dos años y volver a mi querida Madrid, puedo decir que he identificado y experimentado todas las fases del emigrante: al llegar a China, experimenté una fascinación por todo lo que pasaba a mi alrededor. Todo era genial, incluso el hecho de luchar cada día por conseguir un taxi o cruzar la calle sin que te atropellaran era estimulante. A los 4 o 5 meses pasé por una etapa de aburrimiento total. La ciudad te atrapa, eres suyo y es difícil alejarse para ver la perspectiva de lo que está ocurriendo. Empezaba a echar de menos hasta las baldosas de mi Vallecas (Madrid) natal.

La vuelta por vacaciones al país de origen es una mezcla de sensaciones extrañas. Es como si el tiempo que había pasado en China hubiera pulsado el ‘pause’ en mi vida y volviera a pulsar el ‘play’ al pisar el aeropuerto de Barajas. Pero la verdad es que la vida no se había detenido ni en Madrid ni en Shanghai. Yo he cambiado, en Madrid ha seguido amaneciendo y Shanghai me ha enseñado, aunque suene a tópico, que la vida es mucho más que el (deseado) éxito profesional.

Los principios por los que vine a Shanghai se han ido diluyendo, mientras dejaban su espacio a los principios que me hacen volver a Madrid. (Como dijo Groucho: “Si no le gustan mis principios, tengo otros”).

Unos principios mucho más simples en los que un paseo por Madrid o una torrija de leche podrían ser la piedra angular. Pero en definitiva, mi verdadero ‘yo’ se descubre como un ‘yo’ que ahora mismo no necesita mostrar un éxito o dar peso a mi tarjeta de visita, una persona con muchas ecuaciones despejadas durante mis días en el lejano Oriente.

Que agradecer a China tengo mucho: desde mostrarme alguna de las personas con mejor corazón que he conocido a descubrir ciudades y países de Asia que nunca hubiera descubierto a no ser por mi aventura en Shanghai. Éstas han sido muchas las cosas que me ha enseñaado esta tierra que me recibió con una sonrisa desde el primer día.

Éste es el primer post de una lista de escritos que durante estas 8 últimas semanas me llevarán a resumir algunos de los momentos y curiosidades que más me han ‘tocado’ durante mi tiempo aquí.

“Como todos los grandes viajeros, he visto más de lo que puedo recordar, y recuerdo más que lo que he visto”Benjamin Disraeli

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