Al nuevo Bond las sutilezas le van al pairo. Daniel Craig, nacido en 1968 en Chester (Inglaterra), le da un nuevo aire al personaje, mucho más visceral y violento que sus antecesores. Éste sí que parece un auténtico agente de campo, un hombre de acción y no da el cante como algunos de los anteriores, con los que uno reía por no llorar.

A pesar de que durante gran parte del metraje el malote de Craig pone más morritos que Yola Berrocal recién salida de Corporación Dermoestética, resulta ser un monstruo en las secuencias de acción, aquellas en las que más flojeaban algunos de los otros Bond. Recordemos los casos más que tronchantes de Roger Moore o Pierce Brosnan. Y ya no hablemos de Lazenby, el pobre hizo lo que pudo, y le dieron la patada a las primeras de cambio.

Pim Pam Pum Craig

Puede que incluso el frío Timothy Dalton fuese más creíble a la hora de dar mamporros, era elegante y firme, y si no vean de nuevo las reivindicables “Alta tensión” y “Licencia para matar”.

Martin Campbell se pone de nuevo tras la cámara tras el éxito que supuso el bautismo de Pierce Brosnan con “Goldeneye”. Se nota su mano en las escenas de acción. Campbell se ha hecho un nombre dirigiendo títulos como “Límite Vertical”, las dos entregas de “La máscara del zorro” y “Amar peligrosamente”, entre otras. También se nota que hay un buen montador trenzando todo como es Stuart Baird, curtido en títulos tan estilosos como “El último boy scout”, “Superman”, “La profecía” y las dos primeras entregas de “Arma letal”.

La nueva entrega de Bond tiene un arranque espectacular, con un prólogo en blanco y negro, homenaje al cine de espías de los años 60 y una memorable secuencia en la embajada de Mauritania (?) al más puro estilo “jackbauer”. Porque sin querer o sin querer queriendo, los guionistas de “Casino Royale” (entre ellos el ganador de varios Oscar, Paul Haggis, por “Million dollar baby” y “Crash”) han utilizado una de las mejores locuras de la serie “24” para reflejar que el nuevo Bond no se anda por las ramas. Más directo que un trailer invadiendo el carril contrario.

Lo negativo del nuevo filme está en ese epílogo pastelón-pastelón-pastelón, demasiado largo, y en una historia que no acaba de enganchar al personal. Pero el nuevo Bond es más profundo que los Brosnan y compañía. Al nuevo Bond le vemos matar por primera vez, le vemos cagarla y le vemos dejarse vida en cada pelea. “La violencia de la película cruje y duele”, dice Jordi Costa, crítico de la revista “Fotogramas”. “Le duele al propio Bond que se revela como criatura falible y refleja el dolor en pantalla con la misma credibilidad con que lo hizo Harrison ford en esu estreno como Indiana Jones”, explica Costa.

“Muere otro día” ya mostró un atrevimiento al mostrar a un Bond-Brosnan destrozado, torturado, con barba de meses y que, repudiado por su gobierno, sólo pensaba en vengarse. Ese atrevimiento se ha personificado totalmente en un nuevo Bond, un Daniel Craig visceral y salvaje, una suerte de John McClane (por su propensión a acabar con mil brechas y la ropa convertida en harapos llenos de sangre) y de Jack Bauer (porque a veces pierde los papeles y decide ir “a machete” sin importarle las consecuencias).

En definitiva, una nueva apuesta mucho más atrevida y realista que sus antecesoras. Un punto de inflexión, el nacimiento de un nuevo James Bond que incluso se atreve echar por tierra una de sus frases más famosas. Un camarero le pregunta si el vodka lo quiere mezclado o agitado. Craig contesta: “Me ves con cara de que me importe”. A tope con Craig.

¿Te ha parecido útil esta información?

Total 0 Votos
0

¿Qué es lo que no te ha gustado? ¿Cómo crees que podemos mejorar?

+ = Intruduce el resultado de la operación para evitar mensajes de SPAM

¿Cómo envío mi comentario?

Para poder enviar un comentario es necesario que te identifiques.
Tienes 2 maneras de hacerlo:

  1. Registrándote en nuestra web y posteriormente iniciando sesión con tu usuario y contraseña.
  2. Conectándote a través de alguno de tus perfiles de Facebook, Twitter o Google (Más abajo aparecen los 3 botones)