Cuando los denominados críticos ponen a caer de un burro títulos del tipo “La roca”, “El fuego de la venganza”, “Mision:imposible III” o el que nos ocupa (“Deja vu”) parece que éstos olvidan algo fundamental, lo que también es el cine: las tomas, la acción, el montaje. Porque si no fuera por todo eso estaríamos hablando de radionovelas de la posguerra.

No deja de ser una historia ya vista. Títulos como “Timecop”, del efectivo Peter Hyams, la cutre pero sorprendente “El tunel del tiempo”, con un Kirk Douglas ya en declive o incluso “Regreso al futuro” han intentado diseñar el medio perfecto para viajar en el tiempo. Aquí Tony Scott pasa un poco por encima, para no meterse en camisas de once varas quizás. Y es que parece que el filme entraba mejor en la temática de su hermano, Ridley. Quizás sea “Timecop” la cinta con la que más virtudes comparte.

El defecto del filme de Hyams era su protagonista, un Van-Damme demasiado a la patada fácil. Porque, por lo demás, “Timecop” tenía el estilo propio de Peter Hyams: buen ritmo, un diseño de producción apabullante y una espectacular fotografía. “Deja vi” tiene mucho de todo esto y, además, cuenta con un actor de solvente y brillante trayectoria.

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Sin embargo, la propuesta de “Deja vu” tiene muchos más paralelismos (sobre todo en la forma en que se explica la tecnología y se dirige la acción tras la cámara) con otro título de la factoría Bruckheimer, dirigido también por Tony Scott y protagonizado por otro actor negro, Will Smith: “Enemigo público”.

Washington ya trabajó para Scott (y la productora de Jerry Bruckheimer) en la claustofobica e intensa “Marea Roja”, en la que el duelo interpretativo entre Gene Hackman y el actor negro es de los que hacen afición. Y no hace nada que protagonizó “El fuego de la venganza”, esa adrenalítica montaña rusa hecha película para hablar de la “vendetta” y la redención. “Deja vu” no tiene un montaje tan rebuscado como “Domino” o la ya citada “El fuego de la venganza”. Probablemente para que el espectador lo entienda mejor todo. “Deja vi” se deja ver, tiene algunos buenos como ese “seguimiento” que el personaje de Denzel Washington hace al malo de la película a través de esa ventana que todo lo ve, pero también tiene algunos defectos. No es, ni mucho menos, la mejor cinta de Tony Scott.
Se queda lejos de títulos como “Marea Roja”, “El fuego de la venganza”, “Amor a quemarropa”, “El último boy scout” o “Enemigo público”, y al compartir muchas de las virtudes que tienen todas estas películas es por ello por lo que deja esa sensación de “deja vu” al salir del cine.

Un estudio aparte merecería la interpretación (?) de Jim Caviezel que ya puede hacer de Jesucristo a las órdenes de Mel Gibson en “La pasión de Cristo” o de terrorista convencido en ésta que él se cree todo lo que hace. Miedo da.

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