Fractura legal

Gregory Hoblit (Texas, 1944) dirigió en 1995 ‘Las dos caras de la verdad’. Fue su debut en el cine después de una larga carrera dedicada a la pequeña pantalla –suyos son algunos capítulos de ‘Canción triste de Hill Street’ y ‘La ley de Los Ángeles-. Protagonizada por Richard Gere y un jovencísimo Edward Norton, la película era un ‘thriller’ judicial en la que nada es lo que parece. Un montón de giros argumentales mantenía al espectador atenazado al sillón. La predilección de Hoblit por esta temática tiene su explicación: su padre era un agente de la ley, y el pequeño Gregory siempre mostró interés por el trabajo de su progenitor. Sus siguientes trabajos (‘Fallen’, ‘Frequency’ y ‘La guerra de Hart’) son prueba de ello.
‘Fracture’ es una nueva vuelta de tuerca a un género, el de los juicios, explotado hasta decir basta. De hecho, su parecido con ‘Las dos caras de la verdad’ es más que razonable. Pero, lamentablemente, no la supera ni de lejos. Flaquea por los cuatro costados.

Y eso que Hoblit rechazó hasta un centenar de libretos hasta encontrar finalmente el de ‘Fracture’. “El guión era la clave del filme y éste tenía muchas sorpresas que no te esperas; por eso me enganchó”, explica el director.

El ingeniero Ted Crawford descubre que su esposa le pone los cuernos. Ni corto ni perezoso, ingenia un plan para asesinarla a sangre fría. En su casa, a medianoche y casi por la espalda. Al llegar la policía, Crawford confiesa el crimen y es encarcelado. Pero el personaje encarnado por sir Anthony Hopkins esconde un as en la manga. Camina dos pasos por delante de los demás. A partir de entonces, el fiscal encargado del caso, Willy Beachum, interpretado por un más que convincente Ryan Gosling, deberá encontrar las pruebas que incriminen a Crawford. Sin embargo, el presunto homicida que, incluso decide defenderse a sí mismo, parece sabérselas todas.

Hoblit teje esta vez una historia en la que, desde el principio, sabemos quién es el malo. Ésta es la novedad con respecto a ‘Las dos caras de la verdad’. De hecho, el propio póster ya lo avisa: “He disparado a mi mujer, pero no podrás probarlo”. Pero la novedad del filme se ve empañada por un desarrollo lento y cansino. Una historia que podría haberse solucionado en media hora se alarga hasta unos inconcebibles 112 minutos por culpa de unos cuantos aderezos dramáticos que no vienen a cuento.

Y como sucede en demasiados títulos, son los actores los que tienen que salir al rescate. Como si fueran superhéroes. Y Ryan Gosling es uno de ellos. Gosling se metió al público en el bolsillo con ‘El diario de Noah’ y consiguió el favor de la crítica gracias a su brutal interpretación de un profesor de instituto drogadicto en ‘Half Nelson’ con la que fue incluso candidato al Oscar. Ahora mismo es una de las grandes promesas del cine estadounidense y actuar junto al monstruo de Hopkins seguro que le hace ganar más de un punto. Quizás no sea el mejor proyecto, pero, al menos, y gracias a los trabajos de Gosling y Hopkins se mejora una historia que parecía destinada a telefilme de sobremesa. Carne de cañón. Mención aparte merece Hopkins, que es capaz –ya lo hizo con ‘El silencio de los cordero’ y ‘Hannibal- de que el espectador se sienta atraído por su personaje, aún sabiendo que es el asesino. Cosas que sólo consiguen los grandes.

También el saber hacer tras las cámaras de Hoblit, especialista en ‘thrillers’ psicológicos, salva un título tan fácil de ver como de olvidar. En el reparto, eso sí, aparece un buen grupo de secundarios: la ex chica Bond, Rosamund Pike (‘Muere otro día’), David Strathairn (‘Buenas noches, y buena suerte’) y Cliff Curtis, secundario reciente en la adrenalítica cuarta parte de ‘La jungla de cristal’. Ponen toda su mejor voluntad, pero el mal ya está hecho.

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