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Pagos urbanos (V): los términos al sur de Haro y sus hitos más importantes

Otro deporte que tuvo cabida en el Frontón Carrasco sería el boxeo, celebrándose la primera velada el 27 de setiembre de 1925
Miss Carnaval 1933 | Archivo: Carlos Mena

Después de la buena aceptación popular del nuevo frontón tras su inauguración, podemos afirmar o calificar como la Era dorada de su funcionamiento el periodo que se extendería hasta el comienzo de la contienda civil en 1936. El recinto irá acogiendo sesiones de diversas actividades al tocarse “múltiples palos” dentro de las diversiones de la época, así como actos no lúdicos. En esta primera parte describiremos las funciones lúdicas más importantes celebrados hasta la contienda. En una segunda describiremos los actos políticos y sus pormenores hasta su cierre en el año 1963.

Con las funciones de pelota volvemos a toparnos las mismas dificultades que nos encontramos en los partidos inaugurales. La información es pobre y parca, salvo en partidos muy específicos. Además, tal como señala Fernando de la Fuente en su monografía, los partidos no serían suficientemente publicitados y un problema más sistémico que lastraría la organización regular de torneos y funciones era el reducido número de pelotaris, de primera línea, que prestaban las empresas profesionales, lo que obligaría, en bastantes ocasiones, a complementar los espectáculos con partidos entre jugadores locales e incluso infantiles. Aunque existe alguna excepción, tal como el campeonato de 1935. Hay que reconocer que la pelota en este primer periodo fue bastante discontinua en su desarrollo alternando partidos en los que intervendrían las figuras más importantes del momento, con otros en los que los participantes eran puros aficionados. Faltó, tal vez, una organización más constante y eficaz para apoyar el gran entusiasmo popular, que sería el verdadero mantenedor del recinto hasta su desaparición, gracias a los alquileres de cancheo.

Primera velada de boxeo en 1925

Otro deporte que tuvo cabida en el Frontón Carrasco sería el boxeo, celebrándose la primera velada el 27 de setiembre de 1925. Prevista en un primer momento en la plaza de toros, finalmente tuvo que ofrecerse en el Carrasco. Serían tres combates que no conseguirían la atracción de los aficionados, o lo que es lo mismo escasas entradas que apenas cubrieron gastos, tal como indica la crónica de La Rioja. Tenemos noticia de otra velada, años más tarde, exactamente el 12 de noviembre de 1932, en la se programarían cinco combates, que tampoco levantarían grandes pasiones. Una tercera velada se ofrecería el día de la Virgen de la Vega del año 1934, también con cinco combates en los que pelearían púgiles aficionados jarreros, siendo uno de ellos el campeón de la Rioja de pesos ligeros, llamado Frutos. La asistencia de nuevo fue escasa. Y peor experiencia proporcionaría la única programación de lucha libre ofrecida el 24 de mayo de 1935, causando el desagrado unánime.

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Anuncio de la velada pugilística de 1925, prevista en un primer momento en la plaza de toros y que se desarrolló finalmente en el Carrasco.

Sin embargo la actividad estrella del frontón serían las proyecciones cinematográficas, muy apreciadas y siempre muy concurridas. La curiosidad más singular fue la celebración de un maratón donde se visionó una película de 15 episodios titulada “Los ojos de Satanás”, con una duración de 12 horas, que el público contempló con un único descanso de media hora para degustar un bocadillo de chorizo Carrasco. Al finalizar, José Fernández Ollero impuso medallas conmemorativas de la gesta, de la cual se hizo eco la prensa regional e incluso nacional.

Otra anécdota muy curiosa fue cuando se produjo el primer visionado de una película sonora. El Cinema estuvo cerrado preparándose para el nuevo sistema, que sería ampliamente anunciado en la prensa local generando una honda expectación. Cuando por fin se estrenó el nuevo ingenio, 20 de abril de 1930, la primera impresión fue negativa, no gustando la experiencia al público, pese a que con el tiempo esta nueva forma de visionar el cine se impondría totalmente. Las películas fueron una constante a lo largo de los años, siendo, junto a los bailes, la función periódica más atrayente. Bailes con los que se premiaría a las personas más asiduas a las funciones cinematográficas. Durante la década de los años 40, las cintas con el metraje de las películas, serían compartidas con el cine del Teatro Bretón, con lo que, en las sesiones continuas, los filmes se visionaban primero en uno de los recintos para trasportarlos después al otro. Asimismo, se realizarían múltiples inversiones para mejorar la experiencia del visionado de las películas.

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El otro acto más apreciado, tal como ya hemos indicado, eran los bailes y fiestas organizadas por las diferentes empresas arrendatarias del recinto, tales como los “Amigos de Haro” o “Haroboug”. Muy memorables fueron las celebraciones de los bailes de Carnaval. En estas fiestas se elegían a “Miss Carnaval”, dándose diferentes premios a los disfraces y múltiples sorteos. Asimismo, se realizaban distintos concursos de bailables dentro de estas galas. El primero de los bailes de esta festividad carnavalesca se produjo en el año 1929, tal como nos informa el diario La Rioja, ofreciéndose sesiones el Martes de carnaval y el sábado siguiente, con una duración de 6 horas el primero y 5 el segundo. Las diferentes actividades incluían un concurso de Charleston y Vals a la vez que se premiaba a los disfraces más originales, así como regalos para el resto de participantes. Veladas que serían amenizadas por la Orquesta del Frontón y una banda de Labastida. Incluso se realizaban cenas por encargo en el ambigú que se servían en el descanso del baile. En 1930 el baile de Carnestolendas se celebraría el día 4 de marzo, siendo su duración la habitual, así como las bandas que lo amenizaron. Los regalos caían de unas piñatas situadas en el techo, consistentes en pequeños obsequios y serpentinas. Hubo concurso de pericón y tango, ganado este último por Pepe Erice y Luisa Berrozpe. El premio al disfraz más original fue para Pura Páez. Se sirvieron cenas de nuevo por encargo.

El año siguiente hubo dos bailes. El primero estuvo muy deslucido debido al mal tiempo reinante durante estos Carnavales (hubo nevadas y lloviznas durante toda su celebración, que hizo que incluso se suspendiesen los bailes en la Plaza). Pero el del Martes de Carnaval estuvo muy animado, respetando la habitual pauta de duración. El concurso de valses lo ganó María Alutiz con un acompañante forastero, siendo otorgados los principales premios a los disfraces con que vistieron Francisco Iturbe e Inés Solana. En 1932 contó con dos bailes de nuevo, uno el domingo 7 de febrero, que tuvo una duración de 6 horas, y el otro el Martes de Carnaval, siendo ambos muy concurridos. Al año siguiente, 1933, la celebración se realizaría el sábado 25 de febrero, con una duración de 5 horas. Fue en esta gala donde se elegiría a Miss Carnaval, siendo elegida la señorita Pérez, aunque renunciaría al título poco después. La jornada festiva fue animada por la Banda Municipal de Música y otra orquesta de Labastida. Y se estrenó “ex profeso” la marcha “Miss Carnaval”, (¡¡¡Hay que ver que chavalas más bonitas hay en Haro!!!) compuesta por nuestro Musico mayor Miguel de la Fuente.

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Miss Carnaval 1933 | Archivo: Carlos Mena

En el año 1934 se repetirían las alegres celebraciones, siempre bajo el mismo esquema: Un animado baile, la elección de Miss Carnaval, concursos, sorteos y mucha animación. En el año 1935, el Carrasco era el principal local para celebrar estos festejos invernales (frente a la Perla o la Artesana). Este año fueron tres bandas las que amenizaron los bailables hasta altas horas de la madrugada. Durante el año 1936, la fiesta fue catalogada como la mejor realizada hasta entonces.

Otra versión de estos bailes serían aquellos celebrados de forma benéfica o para aportar fondos para algún otro fin, como por ejemplo el celebrado el 16 de agosto de 1933 para que la Banda Municipal, dirigida por Miguel de la Fuente, pudiera acudir al importante concurso musical de Palencia que se celebraría en setiembre de este año. También se realizaron bailes-verbenas, como el realizado en la noche de San Juan del año 1936 o multitud de saraos a lo largo de estos años.

Por último comentaremos otros usos que se le dio al recinto, tales como la celebración de banquetes, ya que varias bodas realizarían el ágape en el frontón aunque la ceremonia tuviese lugar fuera de Haro (Casalarreina, Zarratón o Anguciana). La mayoría de estos banquetes serían elaborados por el famoso restaurante Carabanchel y amenizados por la orquesta de Mendiola. También se realizaron banquetes para homenajear a personas ilustres de la Ciudad, como el que se celebró en honor de Vicente Martínez, el “Niño de Haro”, famoso torero que reuniría a cien comensales. El convite fue servido por el Hotel Higinia, otro clásico de la restauración jarrera, haciendo de anfitrión el presidente del Club del Niño de Haro, leyéndose telegramas laudatorios.

Asimismo, se usó el sitio para reuniones de carácter asambleario, como por ejemplo los remolacheros de la zona el 6 de marzo de 1923 o entregas de diplomas a alumnos distinguidos el 27 de noviembre de 1932.

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